domingo, 31 de julio de 2016

Un joven judío se convierte a Cristo tras encontrarse con el demonio




Fred Wolff es un norteamericano, nacido en una familia judía pero que desde joven se aventuró en el neopaganismo y el ocultismo, padeciendo según testimonia, aterradoras experiencias del demonio.


Una familia judía devota
“Nací en un hogar judío conservador –comienza narrando Fred- …Mis padres, aunque no demasiado ‘religiosos’, hicieron todo lo posible para seguir las costumbres y tradiciones judías. Mi madre mantenía una casa kosher bastante bien. Cuando era mayor de edad, me enviaron a la escuela hebrea donde aprendí a leer, escribir, hablar hebreo y estudié acerca de la fe judía. Por supuesto, el Antiguo Testamento ocupó una gran parte de mis estudios. A los trece años, hice mi Bar Mitzvá y desde entonces fui un miembro del club, por así decirlo, un Judío de pleno derecho…”

Sin embargo cuando tenía 16 años la rebeldía inherente a esa edad marcaría el futuro de Fred. Cuenta que estaba en la pequeña sinagoga cercana al hogar por la fiesta de Rosh Hashanah, cuando vio a una señora de pie. Sin dudarlo le ofreció su silla. Pero entonces se acercó uno de los empleados encargados del orden y se lo prohibió arguyendo que sólo las personas al corriente de los pagos a la sinagoga podían usar silla. Molesto, Fred se marchó y nunca más volvió al culto hebreo.


Probando el tentador neopaganismo
Tras cumplir los 17 años un amigo le presentó a su primo, quien administraba una librería de temas ocultos. Allí conoció luego a Janice y Rich, dos personas que parecían muy agradables. Además eran neopaganos (wiccas o wicanos) que practicaban rituales de magia “blanca”, es decir, no “maligna” le dijeron. A Fred le interesó el tema y pronto le formaron en sus enseñanzas: deidades, rituales, etc… Empezó así a practicar rituales “blancos” con ellos. Tiempo después cuando ingresó en la Fuerza Aérea, Janice y Rich continuaron ‘guiándolo’ presentándole grupos neopaganos en diversos lugares de Estados Unidos.

(La Iglesia Católica conoce y enseña que no existe la “magia blanca”. Todo asunto de estas características es superstición -que es un pecado- o peor aún, actividad demoníaca. Pero Fred por entonces no conocía la verdad, no vivía la fe de la Iglesia).


Atreviéndose con el Satanismo
Un día, estando en California, conoció a un hombre que le dijo pertenecía a la llamada “Primera Iglesia de Satán”, con sede en San Francisco. Le invitó a una ceremonia asegurándole que le gustaría. Fred se dejó seducir y acudió. Pero ya en lugar al ver que celebraban una misa negra, se sintió fuera de sitio. Él no sabía nada de las misas católicas y no podía darse cuenta de hasta qué punto era una parodia perversa del rito eucarístico. Pero veía que había algo malvado en ello. Más adelante averiguaría que el oficiante era un ex-sacerdote católico… “En vez de bendecir las formas y el vino, empezaron a hacer cosas asquerosas y viles con ellas. Me pilló tan por sorpresa que estaba como atado a la silla, incapaz de moverme. Quería salir corriendo pero no podía, como si estuviera pegado al asiento”, escribe.

Fred no volvió con esa gente, decidiendo participar solo de los grupos que practicaban “magia blanca”. Además -se dijo a sí mismo, contentándose- a diferencia de otros aquelarres que realizaban rituales desnudos, su grupo los hacía vestidos. Con el tiempo logró incluso ascender a “gran sacerdote” en un aquelarre de su ciudad.


El ritual donde conoció al demonio
Un día, Rich -su mentor en las artes ocultas y paganas-, le invitó a ser parte de algo nuevo. El asunto era ni más menos que… invocar a un demonio. Para convencerlo, recuerda Fred, le contó que tenía los libros y conocía los rituales necesarios. Todo transcurriría sin inconvenientes, le aseguró, agregando que estarían a salvo “mientras permanezcamos dentro del círculo trazado sobre el suelo”.Fred accedió a participar. Si algo quedaba de inocencia en él, esa noche se esfumó y hoy da gracias a Dios por haber salvado entonces su vida. Así narra lo ocurrido durante el rito:

“Una mujer increíblemente hermosa apareció fuera del círculo y trataba de convencerme para que yo saliera. Pero yo estaba demasiado asustado como para moverme. Entonces ella se convirtió en la cosa más horrible que jamás he visto. Cuando ella desapareció un verdadero espectáculo comenzó. Parecía como si una de las paredes de la casa de Rich se desvanecía y al instante nos saludaba una visión del infierno. El olor era atroz -a huevos podridos, azufre- no tengo como describirlo. Luego, vino el demonio que Rich había invocado y pensé que mi vida terminaba. Ellos pueden tomar formas aunque sean seres espirituales. Asumió la forma más espantosa imaginable. Si quería asustarnos, tuvo éxito. Se rió y dijo a Rich: ¿De verdad piensas que ese círculo puede detenerme? Rich fue alzado del suelo y estampado contra la pared que estaba a 5 metros de distancia. Eso era ya demasiado para mí. Corrí hacia la parte trasera de la casa, me encerré en el cuarto de baño y permanecí allí no sé cuánto tiempo”.

Cuando Fred salió, buscó a Rich pensando que estaría muerto. Lo encontró en el suelo, murmurando incoherencias, con espuma en la boca. Llamó al 911 pidiendo ayuda y la Policía al llegar al no ver restos de drogas ni daños físicos visibles, no hizo mayores preguntas.

Rich pasaría los siguientes 20 años en un instituto psiquiátrico de Long Island, al parecer completamente loco. Murió después de heridas que se infligió él mismo, recuerda Fred.


Dejar el paganismo, acudir a Cristo
Al día siguiente de vivir aquél infierno, Fred se reunió con los miembros de su aquelarre de magia blanca informándoles que los abandonaba. Se dijeron cosas feas y llegaron a los puñetazos. Pero Fred tenía claro que no quería nada más de ocultismo para su vida.Recordó entonces a un colega de profesión que era cristiano quien a veces le había hablado de la fe, aunque Fred siempre evitaba el tema. Lo buscó “…y le supliqué que me llevase a su iglesia”. Allí, hablando con un pastor baptista, “acepté a Jesús como mi Señor y Salvador y fui liberado de años de opresión oculta”, señala. Aunque no llegaron a bautizarle, agrega, sentía que con Cristo como protector, declarándole Señor, “el demonio ya no tenía poder sobre mí”.
Sin embargo temía al pensar que sus padres se enfadarían cuando supieran que era cristiano. “Durante un tiempo no se los dije, temía su reacción. El nombre ‘Jesús’ era anatema para la mayoría de los judíos y mis padres no eran distintos”.


Continuaba en búsqueda
Acudió a esa iglesia baptista sólo hasta que conoció a una chica que sería su novia y luego su esposa. Ella era evangélica luterana. Se casaron en 1984 y ello lo impulsaba hacia su iglesia. Pero a Fred le llamaba la atención que tanto en la iglesia baptista como en la luterana era común que el pastor o alguien más hablaran mal de los católicos “del fondo de la calle”.

Al cabo de un tiempo, después de mudarse a otra zona, dejaron de ir a la iglesia. Cuando nació su hijo, en 1997, ella quiso que fuera bautizado, y así lo hicieron, pero en la iglesia episcopaliana local. Con el tiempo no acudieron ya casi a ninguna iglesia. Luego se divorciaron.

Deprimido, Fred no se negó cuando un amigo le invitó a una iglesia pentecostal. “Tenían muy buena música, había gente de distintas edades y eran todos muy agradables”. Le gustó, se quedó y hasta llegó a ser el técnico de sonido de esa comunidad.


¿Qué pasa con esos católicos?
Cuando llevaba cuatro años con estos pentecostales, se dio cuenta de que también ellos criticaban insistentemente a los católicos, como ejemplo de religiosidad vacía, de ritualismo que no salva.

Él, en realidad, no sabía nada de los católicos, y le llamaba la atención que tantos grupos distintos coincidieran en criticarlos casi obsesivamente. ¿Qué tenían esos católicos? ¿Por qué les criticaban a ellos y no a otros?

En 2009 decidió investigarlo. Y para eso tenía Internet. Se propuso leer acerca del conflicto en doctrinas y visión entre los católicos y otras comunidades cristianas. Y los que más le ilustraron fueron exprotestantes que ahora eran católicos y apologistas como Scott Hahn, Tim Staples o Patrick Madrid, entre otros. “Cuanto más leía, más me convencía de que la Iglesia Católica era la Iglesia fundada por Cristo”, dice.

En 2010 se apuntó al RCIA, el curso de iniciación cristiana para adultos que se imparte en Estados Unidos a los que quieren hacerse católicos. En la Vigilia Pascual de 2011, Fred Wolff, que de hecho nunca había llegado a ser bautizado, recibió las aguas del bautismo, los óleos de la confirmación y la Sagrada Comunión. “Supe en mi corazón y mi espíritu que Jesús era realmente el Mesías y mi Redentor”, concluye.

Fuente: Infovaticana.

viernes, 29 de julio de 2016

Ex satanista confiesa: Hicimos abortos como parte del culto al diablo


ex satánico



"No importa el motivo por el que las mujeres hayan optado por el aborto, todos los niños son ofrecidos a Satanás al final del día"

En varias ocasiones, sobre todo recientemente, nos hemos encontrado frente al hecho de que por la calle, ante un tribunal, en un municipio o frente a una clínica abortista en Estados Unidos, los militantes de la cultura de la muerte entonan el slogan de adoración a Satanás.

Esta actitud extremista se podría entender como el resultado de un estado de extrema irritación y no literalmente.

El movimiento satánico hizo una estruendosa entrada en los grandes medios de comunicación cuando intentó celebrar una “misa negra” pública en la Universidad de Harvard. No lo logró por la resistencia de los católicos, pero a continuación logró realizar una “misa” de este tipo en las instalaciones del gobierno civil de la ciudad de Oklahoma.

En palabras de su portavoz Lucien Greaves, pasó a reivindicar el satanismo como una “religión” que considera el aborto uno de sus “sacramentos”, entre otras abominaciones.

Se podría decir que se trataba más que otra cosa de una ventolera verbal para llamar la atención.

La difusión de los videos que muestran el tráfico de órganos y tejidos de bebés abortados en las instalaciones de la organización Planned Parenthood ha, sin embargo, ha mostrado una dureza de corazón de los responsables que nos ha perecido inhumana, diabólica en un sentido analógico del término.

Motivado por estas entrevistas, el Lepanto Institute entrevistó al ex satánico Zachary King, que fue un tipo de “sacerdote” de ritos satánicos y describe cómo se llevaban a cabo dentro de las clínicas abortistas.

King un día fue tocado por la Medalla Milagrosa y terminó abandonando las abominables prácticas que describe. Al final se volvió católico y denuncia, a quien quiera escucharlo, lo que está en el centro del aborto y el movimiento anti-vida.

A continuación, algunas declaraciones de la entrevista publicada por la página estadounidense provida Lepanto Institute del “ex sacerdote satánico”.

King habla de hechos extremamente impactantes. No recomendamos la lectura a personas sensibles o muy jóvenes.

Cómo un niño normal cayó en el precipicio

Zachary era un niño común y corriente de un barrio estadounidense y creció en una familia bautista.


Comenzó a practicar la magia a los 10 años, se unió a una secta satánica a los 13 y a los 15 ya había infringido los 10 mandamientos.

Desde la adolescencia hasta la edad adulta se esforzó por llegar a la categoría de Sumo Sacerdote en la secta y era un activo divulgador del satanismo, incluyendo los abortos rituales.

Actualmente Zachary está escribiendo sus experiencias en un libro titulado El aborto es un sacrificio satánico.

Zac, usted tiene mucho que contar. ¿Puede decirnos algo sobre la manera en que entró en el satanismo?

Todo comenzó con una fuerte curiosidad por saber si la magia era real. Comenzó después de haber visto algunas películas sobre magos y brujos, en los años setenta.

Un día en la escuela hicimos un juego llamado Bloody Mary, o Te odio, Bloody Mary, en donde ibas al baño y cantabas esta frase un cierto número de veces con las luces apagadas.

Cuando lo hizo mi grupo, vimos un rostro demoniaco en el espejo. No teníamos idea de lo que estábamos viendo, pero de repente todos salieron corriendo muertos de miedo… excepto yo. Siempre me pareció muy interesante.

Durante esa época jugábamos el videojuego Dungeons and Dragons cada fin de semana, y yo siempre era el mago y el brujo. Me preguntaba si podría hacer realmente magia e intenté dos hechizos para ganar dinero.

Lo logré, pero podría haber sido sólo una coincidencia, y entonces lo intenté de nuevo por tercera vez. Esa vez estaba en el baño solo frente al demonio y quise ver qué sucedía. Al día siguiente gané mil dólares. Desde ese momento me convencí de que la magia era real.

Cuando tenía alrededor de 12 años, un amigo me presentó a un grupo que jugaba Dungeons and Dragons y que creía que la magia era real. Descubrí que ese grupo era una secta satánica. (…)

Me gustaban los flipper, los videojuegos y la ciencia ficción, como Star Trek y Star Wars, y esos muchachos tenían casi todos los filmes de ciencia ficción y fantasía que siempre quise ver. Tenían los flipper, una piscina, una gran barbacoa, y eran como un club de chicos y chicas.

Me dejé atrapar de esta manera, sabían cómo “reclutar”. Sabían todo lo que a un chico le encanta hacer, y entonces me involucré.

(…) Permanecí ahí hasta los 18 años, cuando entré en la Iglesia Mundial de Satanás. La posición que alcancé se llama “Sumo Sacerdote” (High Wizard): en una gran secta satánica son las personas que practican la magia. Eran pocas, unas diez.

El número total (de High Wizards en una secta) es entre 2 y 5, y nuestro trabajo era viajar por el mundo haciendo lo que las personas querían que hiciéramos. Cuando digo personas me refiero a estrellas de rock y de cine, personajes políticos, personas muy ricas…. Son innumerables las personas que piden brujería, y no hay límites a lo que están dispuestas a pagar.

Usted era, por lo tanto, un “Sumo Sacerdote” en el satanismo… ¿Cómo hizo para serlo?

Hay voces en base a las cuales los “Sumos Sacerdotes” son escogidos por Satanás. Yo no se cuál sea el criterio.

Hacía magia desde que tenía 10 años y me volví un “Sumo Sacerdote” cuando tenía alrededor de 21. Fui miembro de la Iglesia Mundial de Satanás alrededor de 3 años. Había ya visto a un “Sumo Sacerdote” cuando era niño, pero no sabía ni qué era ni lo que estaba viendo. Su aspecto era muy original, con un sombrero de copa, un bastón y un rostro pintado como un cadáver.

En la secta hay un Presidente Ejecutivo y un consejo de administración. Dicen que eres elegido y te dan un libro que dice cuáles son tus obligaciones en cuanto “Sumo Sacerdote”.

¿Entonces usted fue llamado por un Consejo y se le ofreció la posición, y luego se volvió “Sumo Sacerdote”?

Sí.

Aborto y satanismo

¿Cuál es el papel del aborto en los rituales satánicos, y cuándo comenzó a ser implicado en el aborto por lo que respecta al satanismo?

Inmediatamente después de haber cumplido 14 años, los miembros de la secta me dijeron que debía implicarme en un aborto. Dijeron que había habido una fiesta con todos los miembros de sexo masculino entre los 12 y los 15 años y un miembro de sexo femenino de 18 años con el objetivo de que quedara embarazada para realizar el aborto a los 9 meses de gestación.

Cuando me dijeron esto, dije “guay” en voz alta, pero no tenía idea de lo que era un aborto. En mi familia pienso que oí a mis padres susurrar esa palabra una vez, por eso pensé que era una mala palabra.

Cuando pregunté qué era una aborto a los miembros de la secta, dije que no sabía qué tenía que hacer. Me explicaron que era un bebé en el útero y que yo tenía que matarlo.

Estarían un médico y una enfermera para ayudarme porque se trataba de un procedimiento médico. Dije: “¿Es legal?”, y la respuesta fue: “Sí, siempre que esté en el útero. Mientras el bebé esté dentro de la mujer, puedes matarlo”.

Y así se nos explicó. Se nos dijo también que: “Estás matando a un niño”. No dijeron “un feto” o “algunas células en un cuerpo”. Nada de esto. Era un niño. No creo que hubiera estado de acuerdo en matar a un niño fuera del cuerpo de una mujer, pero sabiendo que lo podía matar mientras estuviera dentro el cuerpo… para el satanismo, el acto de matar a alguien o la muerte de algo es el modo más eficaz de ver realizado el propio hechizo.

Respecto al hecho de obtener la aprobación de Satanás, matar a alguien es el camino mejor a recorrer. Matar algo es la ofrenda final a Satanás, y si puedes matar a un niño en el vientre materno ese es el objetivo final.

¿Nos puede contar el primer aborto que realizó como un ritual satánico?

El primero que realicé fue alrededor de 3 meses antes de cumplir los 15 años. Sucedió en una casa de campo que estaba sorprendentemente mucho más esterilizada que muchas clínicas abortistas a las que fui.

Había un médico, una enfermera y una mujer que estaba por tener un hijo y estaba rodeada de 13 miembros principales de nuestra secta, que eran todos “Sumos Sacerdotes” y “sacerdotisas”.

Yo estaba dentro del círculo con la mujer y el médico. Todos los miembros adultos de mi secta estaban ahí.

Había varias mujeres arrodilladas que se mecían hacia delante y hacia atrás y gritaban cada tanto “nuestro cuerpo nos pertenece”. Al lado estaban varios miembros masculinos de nuestra secta, y todos cantaban y “rezaban”.

El ritual comenzó a las 23:45, y la brujería comenzó a medianoche, “la hora de las brujas”, mientras que la muerte real del niño fue a las tres de la mañana, llamada “la hora del diablo”.

Mi papel en todo esto fue introducir el bisturí. No debía necesariamente matar… lo que contaba era tener sangre sobre mis manos, de la mujer o del niño. Luego el médico terminaba el procedimiento.

Fue probablemente el aborto más horrendo en el que haya participado. El médico tomó al niño y lo tiró al piso, donde las mujeres se mecían. Las mujeres parecían poseídas, y cuando el médico tiró al niño al piso se lo comieron como caníbales.

¿En cuántos rituales abortivo participó?

Antes de volverme “Sumo Sacerdote” hice cinco. Después participé en otros 141 abortos.

¿Realizó un ritual abortivo en alguna clínica de renombre?

Sí. Calculo que realicé alrededor de 20 rituales abortivos en esas instalaciones, pero no los conté. Se sólo que estuve en muchas de esas clínicas. (…) Parecían casas del terror, con sangre en todos lados, en algunas habitaciones e incluso en el techo.

Ritos satánicos y clínicas abortistas

¿Cómo fue invitado a realizar abortos satánicos en esas clínicas?

La Iglesia Mundial de Satanás no es la única organización que realiza sacrificios satánicos en esas clínicas. Existen otras organizaciones de brujería, como la Wicca, que están realmente implicados en abortos realizados dentro de estas instalaciones.

A veces eres invitado a realizar el ritual abortivo por el mismo director del centro, o por otro funcionario de alto cargo, o a veces el médico es satánico e invita a participar en un aborto que realizarán al final del día.

Al final del día, todos los días, los grupos satánicos hacen como una misa negra, en general alrededor de la medianoche, que dura alrededor de 2 0 3 horas, en que ofrecen a Satanás a todos los niños que son abortados ese día. No importa el motivo por el que las mujeres hayan optado por el aborto, todos los niños son ofrecidos a Satanás al final del día.

¿Cómo son estos rituales abortivos?

Hay niños que participan, pero en general no se quedan en la sala en la que es practicado el aborto. Se quedan separados y hay una competición para ver quién logra permanecer despierto hasta las tres. Quien gana recibe una recompensa. Los hombres que no participan del top 13 de la secta se quedan a hacer hechizos y a rezar. Lanzan también hechizos para protegerlos contra cualquier persona que pueda rezar contra ellos.

Además de esto, pagamos a las personas para que nos protejan, del mundo político, de las fuerzas del orden, y entonces sabemos que nadie indagará sobre lo que está sucediendo.

Una vez vino el prefecto de la ciudad para pedir un hechizo. Nos buscó porque quería pasar un proyecto de ley que ya había intentado dos veces sin conseguirlo.

Fue durante algún tiempo miembro de la secta. Había intentado todas las vías legales para obtener la aprobación de su proyecto pero no había nunca tenido éxito, y entonces tuvo que encontrar a alguien que accediera a realizar un aborto y en una noche en la que pudiéramos efectuar al mismo tiempo el aborto y el hechizo.

Pero era necesario encontrar también a un médico y a una enfermera. En las clínicas abortistas de renombre, muchas personas son brujas o satánicas. Es, por lo tanto, fácil encontrar personas dispuestas a participar en el ritual satánico.

¿Diría que el aborto en las clínicas de renombre atrae a miembros del ocultismo a causa de la posibilidad de realizar rituales abortivos?

Diría que sí, que es una afirmación completamente cierta. Hay personas que pertenecen a la NOW (Organización Nacional de Mujeres), y muchas de esas personas pertenecen a la religión pagana de la Wicca, y aunque profesan tener una actitud a favor de la preservación de la vida, son permisivas en el momento de “herir” a quien está contra ellos de cualquier manera, lo que quiere decir que están autorizadas a destruirlo con cualquier medio necesario, que para ellos es la magia. (…)

Ven a la figura femenina, a la mujer, como la Madre Tierra, o Gaia.

Adoran esta figura femenina como a una diosa. (…) El aborto es un sacramento satánico, por decir de alguna manera, (…) y una clínica abortista atrae a satánicos para el sacerdocio satánico.

¿Ha experimentado usted la incapacidad de completar un aborto o los efectos de su ritual por el hecho de que hubiera personas orando fuera de una clínica?

Más de una vez tuvimos niños que amenazaban con sobrevivir al aborto. Una vez llegué a la clínica abortista y había personas a los dos lados de la calle.

De un lado personas que oraban y gritaban contra el aborto, del otro, en el que estaba yo, personas a favor del aborto que gritaban todo tipo de obscenidades.

Cuando entré, miré nuevamente la calle y vi a algunas personas que oraban de rodillas.

Ese día, el aborto que habíamos programado para un ritual no se efectuó.

Pienso que me sucedió alrededor de tres veces, y las tres… es curioso, no me di cuenta de que los tres abortos no logrados habían coincidido con las oraciones que habían sido pronunciadas fuera de las instalaciones.

¿Qué consejo daría a las personas que rezan fuera de las clínicas abortistas, sobre todo si sospechan que ahí dentro se lleva a cabo alguna actividad oculta?

En primer lugar, no se detengan. No hay nada que está sucediendo en esa clínica abortista que pueda perjudicarlos. Seguramente habrá demonios alrededor, pero deben pensar que Satanás es como un cachorro con el collar: si no se acercan a él, no puede morder.

Estén en estado de gracia cuando vayan ahí.

Lleven con ustedes agua bendita.

No la viertan sobre las personas que están ahí oponiéndose a ustedes, porque terminarán ante el tribunal. Esas personas los denunciarán por las menores cosas.

Si pueden recibir la comunión antes de llegar ahí sería lo ideal.

Si van a misa ese día, luego pasen algunos minutos pidiéndole al Señor que mande a su Madre con ustedes.

Lleven un rosario. Hay cosas que el diablo teme.

Él tiene miedo de un católico bien formado, de un católico que comprende su fe y sabe que se encuentra en una guerra espiritual.

No quiere luchar contra alguien que tiene “la armadura completa”.

En enero de 2008, mientras trabajaba en una joyería, Zachary tuvo un encuentro con la Virgen que cambió su vida.

A través de la Medalla Milagrosa, Zachary experimentó una paz que supera cualquier comprensión. Comenzó a ir a la iglesia de San Francisco Javier y en mayo de 2008 (el mes de María) entró oficialmente en la Iglesia católica. Actualmente vive en Florida con su esposa.

Fuente: http://es.aleteia.org/2015/09/18/ex-satanista-confiesa-hicimos-abortos-como-parte-del-culto-al-diablo/



martes, 26 de julio de 2016

¿Existen peligros en el carismatismo?




Primera parte

Me han preguntado mi opinión sobre el Movimiento Carismático en la Iglesia Católica. Concretamente, me han efectuado la pregunta que aparece como título de este escrito. No la eludo, pero quiero dejar muy claro que esta respuesta va llena de amor. Amor por mis hermanos católicos que han volcado sus ansias espirituales en este movimiento, buscando a Dios en él. Sé que no todas mis consideraciones serán totalmente de su agrado, pero quiero subrayar que no van con ningún ánimo destructivo, ni que me refiero a ninguna persona en particular de una manera negativa. Va llena de amor, porque busca fundarse en los carismatismo1eternos principios católicos, y hablar de ellos es hablar de la Verdad, y la Verdad es Cristo. Cristo es amor y Él siempre habló sin buscar halagar los oídos de quien lo escuchaba. Es nuestro deber, tanto el amor a la Verdad como el amor a nuestros prójimos, más aún si con la mejor buena fe están ellos buscando de algún modo a Dios Nuestro Señor. Yo aplaudo la buena intención de muchos de ellos de profundizar en el conocimiento de ese “desconocido” para muchos: el Espíritu Santo, así como su búsqueda de un reencuentro con lo espiritual y sobrenatural, que es una respuesta -como veremos equivocada- al nefasto movimiento desacralizador y laicista entre muchos católicos. Sin embargo, a veces sin proponérselo, el camino buscado se inicia mal y con el paso del tiempo acaba desvirtuándose más, pasándose de un extremo al otro. A mis queridos hermanos que militan en el carismatismo les pido lean el presente artículo con un ánimo objetivo e imparcial, sin sentirse aludidos de una manera personal, pues lo que menos pretendo es ofender o molestar a ninguno de ellos. Si estas líneas mueven a la reflexión, en un ámbito de genuina caridad, sentiré que cumplieron con su objetivo. De la misma manera que ofrezco el mayor respeto a quienes participan en ese movimiento, les suplico ese mismo respeto para quien comulgando en la caridad con ellos y en el amor al Espíritu Santo, no mantiene su mismo criterio.

Este escrito se dividirá en dos partes. Primero efectuaremos algunas consideraciones preliminares -principalmente doctrinarias- para pasar luego a señalar lo que es el movimiento carismático.


CONSIDERACIONES INICIALES
(Favor de reflexionarlas detenidamente, tanto una por una, como en su conjunto)


  1. El hombre será juzgado por Dios sobre la fe, la caridad y las buenas obras.
  2. Dios otorga, al hombre, carismas de manera gratuita. (Ver los tipos de carismas en Rom. 12, 6-8, 1ª Cor 12, 7-11, 1ª Cor 12, 28-30).
  3. No a todos los hombres les concede Dios la gracia de un carisma extraordinario.
  4. Se puede vivir perfectamente una vida cristiana y santa sin tener nunca uno de esos carismas.
  5. Muchos santos, verdaderos modelos de virtud, jamás gozaron de estos carismas (por ejemplo: Santa Teresita del Niño Jesús, que inclusive -por humildad- pidió a Dios no tenerlos)
  6. Lo carismas los otorga el Espíritu Santo PARA LA UTILIDAD DEL PRÓJIMO, no para vanagloria personal. El carismas es un regalo de Dios, no un merecimiento del hombre. Dice Santo Tomás que la gracia es doble: la santificante que une el hombre a Dios y otra (la carismática) que él denomina como gracia gratuitamente dada “por la cual un hombre coopera para que otro se encamine a Dios… se concede al hombre por encima de las facultades naturales y del mérito personal…De ella dice el apóstol: “A cada uno se le otorga la manifestación del Espíritu para la utilidad”, es decir, de los otros” (Ia IIae, 111, 1c).
  7. No seremos salvados por haber o no recibido algún carisma, pero sí seremos responsables del buen o mal uso que hayamos hecho de ellos, en caso de REALMENTE haberlos recibido.
  8. La vida cristiana debe fincarse en la caridad, ya que seremos juzgados en el amor. La aspiración del católico debe ser vivir en gracia santificante, único camino hacia Dios. La salvación se logra a través de la fe y las buenas obras. Recordemos el principio y fundamento de San Ignacio: “amar y servir a Dios en esta vida, para después verlo y gozarlo en la otra”. Fincar la vida espiritual en otro fundamento es erróneo. Si se finca en los carismas, estamos confundiendo un medio -uno entre tantos- como si fuera el fin. Dice San Pablo: “Si teniendo el don de profecía y conociendo todos los misterios y toda la ciencia, y tanta fe que trasladase los montes, SI NO TENGO CARIDAD, NO SOY NADA” (1ª Cor. 13, 2).
  9. El carisma es un medio (que como ya se dijo, es PARA UTILIDAD Y AYUDA DEL PRÓJIMO). Siendo un medio, aunque extraordinario, no deja de ser como tal, UNO ENTRE MUCHOS OTROS. El centrar la vida de una comunidad o de un ser humano en ese medio, es desfigurar la vida cristiana. Los medios, deben tener una jerarquía como tales, y no deben sobrevalorarse, ni considerarse como fines. Las cosas son buenas si guardan la justa proporción y el lugar que Dios ha dispuesto para ellas. Como decía Chesterton, una virtud que pierde su jerarquía, que se extrema y se desfigura, se convierte en una virtud loca. Lo mismo debemos decir de los medios, también hay “medios” que se vuelven -más bien, que volvemos- locos. Por lo tanto, es un grave error (independientemente de la buena fe que exista en quienes así actúan) enfocar la vida cristiana hacia los carismas extraordinarios en lugar de orientarla hacia las virtudes cristianas.
  10. Los carismas dados por Dios son buenos (subrayo: dados por Dios). Pero, cuando SE BUSCAN…¿en realidad será para luego aplicarlos en beneficio del prójimo o será por un insano deseo de lo extraordinario o para satisfacer una enfermiza curiosidad o para sentirnos seres privilegiados y superiores a nuestros hermanos? ¿O un poco de todo? Debemos contestarnos esto con toda sinceridad. ¿Por qué buscar los carismas y centrar nuestra religiosidad en ellos? ¿No es esto -en sí mismo- una prueba de cierto desequilibrio? ¿No debemos dejar que el Espíritu Santo sople donde quiera y no donde nosotros queremos? La humildad de Santa Teresita contrasta con esta actitud. Sé que muchos hermanos nuestros lo hacen con la mejor de las intenciones, se han dejado deslumbrar por lo SENSIBLE, por lo “EXTRAORDINARIO”, por lo EMOTIVO; se han dejado contagiar por esa psicosis colectiva que se retroalimenta entre unos y otros, llegando a creer que el único camino, la única vía, incluso, la salvación para la Iglesia es el movimiento carismático, buscando por ello que todos los católicos entren en él. La Iglesia tiene muchos medios -para eclesiásticos y seglares- para llevar al hombre hacia Dios. Las diferentes órdenes, congregaciones y organizaciones prueban, a lo largo de la historia, que existen infinidad de medios para lograr que hombre cumpla con Dios y con el prójimo, en el amor. He escuchado a hermanos que consideran al movimiento carismático casi como si fuera el único medio de salvación, de ahí su espíritu radicalmente proselitista, principalmente dentro de los mismos católicos. Incluso, se sienten incomprendidos por quienes no simpatizan o no desean participar con ellos: creen tener el mejor medio -si no es que el único- de salvación y con la mejor buena voluntad lo quieren compartir con todos, pero se sienten decepcionados de sus demás hermanos que no asienten a sus requerimientos. Muchos se sienten una minoría incomprendida, lo que los impele a un gran activismo, a la postre frustrante, puesto que se fundamenta más en la emotividad y en la sensibilidad que en una auténtica y genuina espiritualidad. No se dan cuenta que con su actitud, niegan el valor de los distintos medios de salvación dentro de la Iglesia Católica.
  11. Tan grave es negar toda intervención sobrenatural de Dios como caer en la superstición de encontrar en todo acciones e intervenciones extraordinarias del Espíritu Santo. Una religión que desconoce lo sobrenatural es como el agua deshidratada: no existe, ya que niega su propia esencia. Pero las intervenciones extraordinarias son precisamente lo que su nombre indica: extraordinarias. Los dos extremos son malos. Ni escepticismo ni credulismo. Conforme a la fe y las virtudes, debe juzgarse el origen de los carismas, para discernir si realmente son tales. Incluso existen seudo milagros y seudo dones, en donde sólo están presentes aspectos sicológicos del individuo o histeria colectiva o, incluso, hasta posibles intervenciones del Maligno. Por ejemplo: hablar lenguas es un carisma señalado por San Pablo, pero también -según el ritual católico- es un posible signo de posesión diabólica. De ahí, la grave necesidad del discernimiento. El buen discernimiento debe estar divorciado de cualquier influencia emocional o emotiva, algo bastante difícil para quien fundamenta su religiosidad en ello.



Segunda parte


EL CARISMATISMO
El movimiento carismático o pentecostal tuvo su origen en Carolina del Norte (Estados Unidos). Fue fundado, en 1892, por el Rev. R. G. Spurling y el Rev. W. F. Bryant, pastores bautista y metodista, respectivamente. Este movimiento que tuvo una excelente acogida de sus seguidores. Ellos aseguraban poseer la misma plenitud del Espíritu Santo que los apóstoles recibieron el día de Pentecostés, al igual que sus carismas, en particular los dones de profecía, curaciones y lenguas. La piedad era vivida entusiásticamente, incluso con emotividad y exaltación extremas. Rechazaban los dogmas, pues sostenían que el Espíritu Santo inspira a cada fiel lo que debe creer para salvarse, así como en la interpretación personal, que cada quien hace, de la Sagradas Escrituras. Este movimiento tuvo su antecedente en el montanismo, fundado por Montano en el siglo II, que se decía inspirado por el Espíritu Santo y sostenía que poseía los dones de profecía, curación y lenguas. El brillante Tertuliano, luego de ser un gran defensor de la Iglesia, cayó víctima del montanismo, se separó del Romano Pontífice para acabar fundando una nueva secta.

Como podemos ver, este movimiento NACIÓ DEL PROTESTANTISMO y tiene su antecedente en sectas heréticas de siglo II. Su origen protestante es completamente congruente con las tesis de Lutero que creía poseer, para sí mismo, la plenitud del Espíritu Santo, misma que negaba al Papa, a los Concilios ecuménicos y a los Obispos, y que, además sostenía el libre examen e interpretación de la Biblia.

Dentro del protestantismo, en el siglo veinte, este movimiento se desarrolló con fuerza, pero dentro de un gran caos de disidencias y controversias. Los obispos católicos en Estados Unidos orientaron a sus fieles para que no le prestaran ningún tipo de adhesión. La Iglesia Católica se liberó de esta influencia hasta 1966, fecha en la que dos laicos, profesores de teología en la Universidad de Duquesne en Pittsburg, Pennsylvania, en Estados Unidos, Ralph Keifer y Patrick Bourgeois, leyeron y discutieron las obras del movimiento pentecostal protestante, entre ellas las del pastor Wikerson. Con la intención de acabar con la apatía de sus estudiantes, creyeron que este movimiento era providencial y lo transportaron a la Iglesia Católica. Finalmente, acudieron a un grupo de oración protestante para dizque recibir “el Bautismo del Espíritu” y el supuesto “don de lenguas” (13-01-1967). De ahí en adelante, empezaron a imponer las manos sobre sus alumnos para que recibieran “el Bautismo de Espíritu” y varios carismas.

Desde entonces, este movimiento ha tenido un desarrollo muy errático en la Iglesia Católica, pues ha sido visto por muchos dignatarios eclesiásticos como algo que por haber nacido del error no puede traer o proporcionar un bien para la Iglesia. Si Cristo fundó una sola y verdadera Iglesia y le proporcionó los únicos siete verdaderos sacramentos, si en ellos se recibe verdaderamente al Espíritu Santo -muy particularmente en el Bautismo y la Confirmación-, ¿porqué acudir a algo nacido del error -las sectas protestantes- donde se inventó por sus miembros, esta especie de supersacramento que se atribuye a la imposición de manos: “el Bautismo del Espíritu”. ¿Acaso la Iglesia Católica no estaba capacitada para darles a sus fieles al Espíritu Santo, a través de los sacramentos, sacramentales, el sacrificio de la Misa, la comunión del Cuerpo de Cristo, las bendiciones y demás medios? ¿No era esto una falta de fe en la Iglesia verdadera? ¿No era negar la unicidad de la Esposa de Cristo: la Iglesia Católica?

A pesar de ello, otros eclesiásticos, los menos, han apoyado este movimiento de una manera decisiva. La jerarquía no queriendo perder la fuerza de algunas de estas comunidades, o temiendo deserciones del catolicismo, o viendo la buena fe de muchísimos de ellos, los ha tolerado o ha procurado reencauzarlos, pese a los peligros que representa dicho movimiento. Esta actitud pastoral de reencauzamiento (que incluye desde exhortaciones a la fidelidad a la jerarquía y, eventualmente, hasta elogios al carismatismo), nunca ha sido pronunciada bajo una definición doctrinal, por lo que no implica que goce del don de la infalibilidad. Así como un Papa suprimió a los jesuitas y otro los restauró, así puede variar en Roma el juicio sobre la conveniencia, o no, de tratar de reencauzar estas comunidades. Sin embargo, hasta para quienes las han aprobado o tolerado, existen muchas reservas y condicionamientos, ya que muchas veces exponen los peligros graves que ya se han presentado -de una manera mayor o menor- en algunas comunidades o individuos. Se ha sabido hasta de personas que cambian de religión: pasan del carismatismo que llaman católico al pentecostalismo protestante. Esta grave apostasía tiene su cierta lógica, pues acuden a las fuentes mismas de donde se originó esta corriente, aunque olvidan que el protestantismo es una escisión de la verdadera religión: el catolicismo (los antepasados de cualquier religión separada o secta cristiana fueron originalmente católicos). Todo esto se da por haber importado una corriente que se originó en el protestantismo y LLEVA, EN SÍ MISMA, EL GERMEN DEL ERROR EN QUE SE ORIGINÓ, con todas sus consecuencias teológicas a pesar del reencauzamiento. Cierto que en algunas partes, estas consecuencias, han sido más radicales que en otras, al grado que algunos carismáticos se han escandalizado de lo que sucede en otras comunidades del mismo movimiento y las han acusado de prácticas supersticiosas. Así, por ejemplo, también un carismático señala estos peligros que observa en la práctica: “DEMASIADOS VAN MÁS ALLÁ DE LOS LÍMITES DE LA MORALIDAD, ya que se crean relaciones personales entre sacerdotes, religiosas y laicos que tristemente degeneran del plano espiritual a un nivel puramente natural y sensual. El ágape degenera en el eros” (Ralph Martín. “A menos que el Señor construya su casa”). Por otra parte, algunos prominentes carismáticos contradicen las enseñanzas morales del Papa, así, por ejemplo, es conocida la oposición de Kevin Ranaghan a la doctrina de la Humanae Vitae. ¿El Espíritu Santo lo inspiró contra la doctrina también inspirada al Papa por el mismo Espíritu Santo? ¿El Espíritu Santo está contra el Espíritu Santo? ¡ESTOS SON LOS FRUTOS DEL ARBOL DEL CARISMATISMO! Por ésta y muchas razones más, si bien algunos lo toleran (pocos lo promueven abierta y decididamente), la mayoría de la jerarquía ve con profunda desconfianza todo este movimiento y muchos lo condenan plenamente por considerarlo gravemente dañino para la fe y religiosidad de los católicos fieles.




El tema da para muchas reflexiones y análisis. Para no extendernos mucho, solo veremos brevemente, unos cuántos aspectos más.


EL DON DE LENGUAS
El verdadero don del que habla la Sagrada Escritura, se refiere a “lenguas extrañas”, es decir, verdaderas lenguas, que si bien eran desconocidas para los presentes, eran necesarias para predicar el Evangelio a diversos pueblos en su propio idioma. Era un carisma otorgado para la predicación. Así, los apóstoles hablaban en una lengua (arameo con acento galileo) y los que los escuchaban los oían en su propio lenguaje (griego, latín, elamita, parto, etc.). Nada que ver con los balbuceos de los carismáticos que denominan “mussitationes” o “lenguaje pre-conceptual” u “oración no objetiva”. Estos murmullos incoherentes, dizque inspirados por el Espíritu, dejan muy mal parado a quien erróneamente se lo atribuyen. Son una verdadera tomadura de pelo. ¿El Espíritu Santo es incapaz de expresar la realidad divina en un lenguaje racional? ¿Por qué desfiguran este verdadero don de cómo realmente lo ha inspirado el Espíritu Santo? ¿Qué espíritu inspirará realmente esta caricatura del verdadero don de lenguas? ¿Quién ha intentado siempre, imitar a Dios, remedando -con falsos prodigios- sus milagros, para engañar a los hombres? ¿O será sólo un fenómeno psicológico?


EL DON DE SANACIÓN
La Iglesia señala tres condiciones para aceptar como auténticas las curaciones milagrosas: 1) Excluir cualquier causa natural que pueda obrar una curación súbita 2) Que la curación sea sometida al estudio de científicos, doctores en medicina y teólogos 3) Que la autoridad competente haga un dictamen final. Este proceso se da, por ejemplo, en Lourdes.

Los carismáticos proclaman, cada quien, sus curaciones sin cumplir estas condiciones. Entre ellos mismos se creen mutuamente, sin ninguna autoridad de por medio. Estas curaciones, en muchos casos, son psicológicas, triviales o no permanentes. Cada caso debería de analizarse profunda e individualmente. Cristo nos previno de los falsos profetas que obrarían “milagros” (supuestos, pero convincentes, dizque prodigios) para engañar, si fuese posible, hasta los elegidos. Además, en una atmósfera cargada de intensa emotividad afloran procesos de retroalimentación colectiva, donde fácilmente la mente se sugestiona, cree y acepta todo lo que se le dice.


ECUMENISMO
Algunos, buscan la unidad con los protestantes no a un nivel de fe (doctrinal) sino meramente emotivo (ellos le llaman a lo emotivo “un nivel profundo”). Pasan por alto los errores y herejías del protestantismo, por eso el carismático Kevin Ranaghan (arriba mencionado) señala a George Fox (fundador de los cuáqueros), a John Wesley (fundador de los metodistas) y a Joaquín de Fiore (cuyos errores fueron condenados en 1215) junto a San Francisco de Loyola, San Francisco de Asís y San Ignacio de Loyola como los promotores de una “auténtica vida de fe”.


BAUTISMO DE ESPIRITU
El multicitado Ranaghan declara del “Bautismo de Espíritu”: “es una parte fundamental de nuestra iniciación cristiana”. Luego, todos los católicos que no lo han recibido en dos mil años (incluyendo todos los santos y papas) adolecieron de algo “fundamental”. ¿El Espíritu Santo estuvo ausente en la Iglesia, hasta que aparecieron los carismáticos? Los protestantes, mediante la imposición de manos, bautizaron en el Espíritu a unos seglares católicos y éstos -que dizque recibieron este poder- a otros, para acabar siendo también dizque “bautizados” sacerdotes y obispos por laicos. ¡El mundo al revés! Todos se reparten a su gusto al Espíritu Santo y en todos obra milagros y carismas. El modo extraordinario de obrar de parte de Dios se vuelve ordinario y común. Y todo a partir de 1967, gracias a que supuestamente los protestantes nos comunicaron un supersacramento (eso viene siendo, aunque no le den ese nombre). ¡Todo esto es totalmente absurdo! Algo muy distinto al verdadero sacramento del Bautismo (que nos incorpora a la Iglesia y nos otorga la gracia santificante, mediante la verdadera acción del Espíritu Santo) y al sacramento de la Confirmación -verdadero Pentecostés de todo cristiano- donde “EL ESPIRITU SANTO SE DA PARA FORTIFICAR AL FIEL LO MISMO QUE FUE DADO A LOS APÓSTOLES EL DIA DE PENTECOSTÉS” como enseña infaliblemente el Concilio de Florencia en 1439.


ESPIRITUALIDAD
Los grandes místicos desdeñaban los fenómenos extraordinarios, pues temían ser engañados por el Maligno, por lo que, insistentemente, le pedían a Dios que los mantuviera por la vía ordinaria. Los grandes maestros de la vida espiritual aconsejan la humildad, la humillación, el aniquilamiento de uno mismo, evitando todo lo que provoque nuestro orgullo. El centrar la vida sobre los carismas y no sobre las virtudes, el ansiar tanto los carismas, corresponde a una total inversión de los valores. El carisma VERDADERO es un instrumento que el Espíritu otorga a alguien para que ayude al prójimo en su camino a Dios. De su uso, pedirá Dios cuentas. No es un modo de vida, ni un instrumento para centrar en él la espiritualidad de un individuo o una comunidad, ni un mérito que sirva para ganar el Cielo. Es un regalo que el Espíritu Santo otorga gratuitamente, por que Él sopla donde quiere. No es patrimonio de un sector que cree poder administrar a su arbitrio al propio Espíritu Santo a partir de 1967, y que, cuando menos ingenuamente, imagina ser el único camino de salvación para la propia Iglesia.


CONCLUSIÓN
El carismatismo nació del error y conduce al error, que trae como germen desde su origen, no obstante todos los intentos de reencauzarlo y hacerlo católico. La suma del error con la verdad, sólo produce un nuevo error. Las desviaciones varían en grado e intensidad de una comunidad a otra, como de un individuo a otro. En este movimiento militan muchas personas de muy buena fe que no han advertido sus peligros. Los efectos positivos que se puedan advertir en el carismatismo católico son sólo por lo que conserve o mantenga de católico; lo negativo, viene por aquello que tenga de carismático en su verdadero y original sentido pentecostal protestante. En realidad, el término “carismatismo católico”, es profundamente ambiguo y contradictorio. Ojalá que el Espíritu Santo, que es el Espíritu de Verdad, derrame sus dones (Sabiduría, Entendimiento, Consejo, Fortaleza, Ciencia, Piedad y Temor de Dios) sobre sus miembros para que alejados de cualquier aspecto emotivo, tengan la suficiente fuerza para que, con toda sencillez y amor a la Verdad, puedan advertir los peligros de este movimiento y, asimismo, que miren en estas líneas no un ataque a sus personas sino un genuino compromiso con la Verdad y con la caridad que impele a advertir los riesgos que sufren nuestros hermanos. Estas líneas van con la mayor simpatía y amor para las personas que militan en este movimiento. Tengamos presente que seremos juzgados no por nuestros supuestos o reales carismas, sino por el amor y la caridad, y que existen muchas y genuinas vías de salvación dentro de la Iglesia. Nuestro Señor Jesucristo dijo que no todo el que diga ¡Señor, Señor! entrará al Reino, sino quien hace la Voluntad de su Padre. La alabanza a Dios sin una verdadera espiritualidad (genuinamente católica) y una auténtica vida cristiana es vana.

Este escrito se documentó en diversas fuentes y se publicó originalmente en C.A.R. msn y CRISTIANDAD.ORG., sitios ya desaparecido en la red. La situación del carismatismo no ha variado, por lo que conserva toda su vigencia.

Lic. Oscar Méndez Casanueva.

Fuente: Adelante la Fe.

Padre Jacques Hamel, degollado a causa del testimonio de Jesús y la Palabra de Dios





El Padre Jacques Hamel ha sido degollado esta mañana mientras rezaba la Santa Misa. 

"Y vi tronos; y sentáronse en ellos, y les fue dado juzgar, y (vi) a las almas de los que habían sido degollados a causa del testimonio de Jesús y a causa de la Palabra de Dios, y a los que no habían adorado a la bestia ni a su estatua, ni habían aceptado la marca en sus frentes ni en sus manos; y vivieron y reinaron con Cristo mil años." (Apocalipsis 20:4)


Compartimos un comentario de Mons. Johannes Straubinger sobre este versículo de la Biblia:
 "Martini opina que “el orden de estas palabras parece que debe ser éste: Vi tronos, y las almasde los que fueron degollados, etc. y se sentaron y vivieron, y reinaron, etc.”. Cf. 3, 21 y nota. Otrospiensan que esos tronos serán sólo doce (Mt. 19, 28), reservados a aquellos que se sentaron, pues deesos otros resucitados no se dice que se sentaron aunque sí que reinaron por no haber adorado comotodos al Anticristo (cap. 13), que fue destruido en el capítulo anterior (19, 20), y serán reyes ysacerdotes (v. 6; 1, 6; 5, 10). Véase 1 Co. 6, 2-3, donde S. Pablo enseña que los santos con Cristo juzgarán al mundo y a los ángeles. Cf. Sb. 3, 8; Dn. 7, 22; Mt. 19, 22; Lc. 22, 30; 1 Co. 15, 23; 1 Ts. 4,13 ss.; Judas 14 y notas." Biblia de Straubinger.


Que el Señor lo tenga en su Santa Gloria.


lunes, 25 de julio de 2016

EL DESCENSO A LOS INFIERNOS Y LA SANTA ESPERANZA





En la rica tradición de los Padres se lee que San Serafín de Sarov (1759- 1833) (3) después de haber recibido la aparición del Señor en la sagrada Liturgia, experimentó la pérdida de la gracia y el abandono de Dios. El santo permaneció mil días y mil noches en un lugar desierto, sobre una piedra, implorando: “Dios Ten piedad de mí, pecador”.

San Poemen, el Grande, monje egipcio fallecido hacia el 450, decía a sus discípulos: “Creedme, allí donde está Satán, allí seré arrojado”. Antonio, el Grande, (250-355) fue a visitar a un zapatero en Alejandría para ser educado por Dios en la verdadera humildad. Sus esfuerzos ascéticos habían asombrado a todo Egipto, pero todavía no había alcanzado la “talla” del humilde artesano. La pobreza de Antonio era ciertamente mayor que la del zapatero; la ciencia divina y humana de Antonio no tenía comparación con la ignorancia y simplicidad del zapatero. El secreto de su altura espiritual no estaba allí. “¿Qué haces? -preguntó Antonio-; mientras trabajo miro a los transeúntes y me digo: todos esos se salvarán, sólo yo pereceré”.

Antonio volvió al desierto y puso en práctica este ejercicio de humildad extremo y lo enseñó a sus discípulos. Por esta razón se preguntaba Sisoes el monje egipcio: ¿”quién puede sobrellevar el pensamiento de Antonio”? San Macario en Egipto (300-390) decía: “desciende a tu corazón y allí entabla combate con Satán” y, en el mismo sentido, los ascetas Besarión monje de Egipto (ss. IV-V), Guerásimo del Jordán (monje de Palestina fallecido en el 475), Arsenio el Grande monje de Sceta fallecido en el 443, y tantos más.

¿Qué pueden querer significar la extrañas palabras que recibiera el stárets Silvano en aquella intensísima oración: “Mantén tu espíritu en el infierno y no desesperes”?.

Cada encuentro con Cristo para cada hombre es diverso. El Señor no mira tanto el aspecto exterior, o las palabras que se pronuncian cuanto la miseria y las verdaderas necesidades del corazón. A un monje simple, no erudito, probado en la oración de lágrimas durante decenas de años se le revela un misterio oculto a los “sabios” de este mundo.

El infierno del que se habla aquí no es un lugar, es más bien una distancia terriblemente dolorosa respecto de Dios que impone el pecado de orgullo y de vanidad. Algunos santos recibieron la gracia de experimentar en esta tierra algunos de los tormentos del infierno -el propio monje Silvano, y antes San Antonio, Sisoes, Macario y Poemen- el Señor les ha mostrado experimentalmente lo que es la vida en el Espíritu Santo y lo que es el poder y la derrota de los demonios.

El arte y la ciencia de Cristo en el corazón consiste en considerarse -en atención a los pecados cometidos- el peor de los hombres y creerlo firmemente. Lo sabio, entonces, es llorar sinceramente por nuestros pecados aun cuando estén perdonados, a fin de conservar la gracia de Dios.

A quien pide, Dios le da todo, no porque lo merezca en su ser o en sus obras sino porque Dios es Misericordioso y nos ama. Este llanto por nuestras faltas debe ser moderado por el gran amor que inspira la humildad de Cristo que lleva, de suyo, a que nos humillemos constantemente.

Pero ordinariamente estamos endurecidos completamente y no comprendemos lo que es la humildad de Cristo o su Amor; está claro que este conocimiento lo dispensa el Espíritu Santo y no una mera aproximación intelectual. Pero el Espíritu Santo puede ser atraído hacia nosotros mismos, con la fuerza de un deseo cada día más purificado de la sabiduría de este mundo.

El hombre lleno de orgullo no conoce ni el sosiego, ni la paz, nada logra aquietarlo al mismo tiempo que se jacta de lo que juzga que posee, teme perderlo a cada instante -inteligencia, poder, relaciones, bienes materiales- y no sabe que su inquietud polimorfa procede de una llaga secreta incluso para él que es, precisamente, su distancia orgullosa respecto de Dios. Pero Dios Misericordioso bendice y ayuda al hombre que empuña su corazón y lucha contra la pasión del orgullo que se pega a los repliegues del corazón como una hiedra maligna.

Así, permanecer en el infierno es, sin duda, permanecer en el abismo del propio corazón y por la gracia del Espíritu Santo aprender a humillarnos, a pedir perdón, a llorar con verdadera tristeza espiritual por el amor de Dios rechazado que, sin embargo, no cesa e insiste en seguir amándonos. Dice el monje Silvano: “oro sin cesar a Dios por vosotros, para que os salvéis, para que estéis eternamente en el gozo con los Ángeles y los Santos, Os lo suplico, arrepentíos y humillaos, alegrad al Señor que, deseoso de vosotros, os aguarda con ternura”. (4)

La gran ciencia que enseña el monje Silvano consiste en vencer el amor propio, constantemente, y para esto es necesario humillarse también constantemente. “Permanecer en el infierno y perseverar sin desesperarse” significa considerarse digno de la condenación, pero en lugar de abrumar el alma con la desesperación es indispensable esperar en la Misericordia y el Amor infinitos de Dios.

Así, en el infierno de nuestro corazón aprendemos a esperar contra toda esperanza. Por gracia de Dios a través de su Espíritu Santo, nuestro espíritu aprende humildad y serenidad. Pero en cada caso es preciso conocer los propios límites. Aprende a conocerte y no sobrecargues tu alma más allá de sus fuerzas.

Unas almas son débiles como el humo, son las almas orgullosas; el Enemigo, como el viento las arrastra. En cambio las almas humildes han adquirido la virtud de la paciencia, soportan como la roca en medio del mar la tempestad. Han aprendido a confiar y descansar en la Voluntad Omnipotente de Dios, que permite la tormenta, pero que cuando se levanta calma el mar, y las almas que han sabido esperar.

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Fuente y texto completo: ANGUSTIA Y ESPERANZA EN S. SILVANO ATHONITA

Dr. Héctor Jorge Padrón

NOTAS (3) Cf. Archimandrita SOPHRONY, San Silouan el Athonita, op.cit., p. 41.

(4) Cf. Archimandrita SOPHRONY, San Silouan el Athonita, op.cit., p. 268.

Acción extraordinaria del demonio




PRIMERA ENTRADA

Se publica mucho en distintos blogs sobre la actividad extraordinaria del demonio, tal vez como reacción pendular ante un racionalismo naturalista que en las últimas décadas ha negado prácticamente cualquier operación diabólica y a veces hasta la existencia misma de los demonios.
Pensamos que la difusión de cuestiones demonológicas, si no va a acompañada de una buena teología, y del imprescindible contrapeso de una mentalidad realista, puede dar lugar a un "preternaturalismo exagerado", que atribuya al demonio fenómenos naturales no del todo explicados por las ciencias pero que no tienen origen diabólico. De este "preternaturalismo" se siguen curiosidades morbosas, supersticiones, y temores infundados; todo lo cual puede dar lugar incluso a la burla respecto de verdades reveladas.
Es habitual distinguir en la actividad de satanás dos grandes capítulos: inducir al mal y hacer el mal. Dos tipos de actividad maléfica que se denominan ordinaria, una, puesto que no es manifiesta (es la tentación, estímulo o incitación a pecar) y extraordinaria, otra, que sí es manifiesta y de índole excepcional. La actividad extraordinaria, a su vez, se divide en tres tipos: molestia local, molestia personal y posesión diabólica. El p. Amorth ha hablado bastante del segundo y tercer tipo de actividad extraordinaria, desde su experiencia como exorcista. Pero tal vez haya explicado poco el primer tipo de actividad diabólica.
La actividad conocida como molestia local, es la que el demonio realiza directamente sobre la naturaleza inanimada y animada inferior (reino vegetal y reino animal) para llegar después indirectamente al hombre, a quien, en último análisis, va dirigido el daño. Entran en el tipo de molestia local: los llamados lugares y casas infestadas; ciertos disturbios visibles, extraños y repentinos que se pueden encontrar o en la vegetación o en el mundo animal, etc. Sin embargo, sería un error pensar que el demonio tiene un poder, puesto que no puede absolutamente nada sin la permisión de Dios. Además, su obrar viene limitado por su naturaleza creada y la diversa condición de cada demonio.
Ofrecemos unas páginas de Corrado Balducci sobre este tema, que publicaremos en dos entradas separadas.

Modo de presencia en un lugar
El demonio, ser puramente espiritual, está en un determinado lugar mediante un contacto operativo, no cuantitativo, es decir, se localiza no por su sustancia, sino por su actividad; en otras palabras se encuentra donde opera por su absoluta espiritualidad. En efecto, la naturaleza angélica no tiene una cuantidad corpórea, dimensiva, sino una cuantidad operativa (esto es, un poder más o menos amplio de obrar); de aquí que, mientras los cuerpos están en un lugar mediante un contacto cuantitativo, dimensivo, los demonios lo estarán a través de un contacto operativo.
Siempre en virtud de su naturaleza espiritual, pueden desarrollar su actividad por todas partes, y no sólo en lo externo, sino también en lo interno de los cuerpos; a este propósito observa San Buenaventura: "Los demonios, en razón de su sutilidad y espiritualidad, pueden penetrar en cualquier cuerpo y allí subsistir sin el mínimo obstáculo e impedimento".
Pero, en cuanto criaturas, siempre son limitados, y, por tanto, si se encuentran en un lugar no pueden, al mismo tiempo, estar en otro; aunque les es facilísimo y con celeridad suma cualquier cambio de lugar, al no tener que atravesar el espacio intermedio.
Cuando decimos que el demonio no puede estar más que en un lugar, por tal lugar entendemos todo el espacio al que inmediatamente puede extenderse la virtud operativa de aquel demonio; pero acerca de esta amplitud nos encontramos en absoluta ignorancia.
Finalmente, recordamos que si un demonio no puede encontrarse contemporáneamente en varios lugares, así tampoco varios demonios pueden estar contemporáneamente en el mismo lugar; en efecto, cuando "un ángel actúa en un lugar o en un objeto determinado, toma posesión total de él, o sea, lo ocupa, lo llena y lo circunscribe de tal forma, que excluye que otro ángel lo pueda ocupar igualmente".

Actividad del demonio sobre la materia
Por un principio de economía divina, los seres superiores pueden actuar sobre los inferiores, sirviéndose, de manera directa, tan sólo de aquello que en estos últimos es lo más perfecto. Ahora bien, entre los varios movimientos corpóreos, el movimiento local es, sin duda, el más perfecto, porque la disposición a ser movido es un bien puramente extrínseco y supone ya un estado de perfección intrínseca; por eso el demonio puede desarrollar su actividad sobre los cuerpos tan sólo a través del movimiento local. Se sigue de esto que, de modo directo e inmediato, el demonio puede producir en la materia tan sólo mutaciones locales, llamadas también mutaciones externas (extrínsecas), o sea, aquellos movimientos consistentes en transferir un objeto de un lugar a otro, o un cuerpo; pero dejando inmutable la naturaleza, la sustancia.
Pero esto no excluye que el demonio, de modo indirecto y mediato, o sea, mediante el movimiento local, pueda producir también mutaciones internas (intrínsecas), o sea, aquellos movimientos que implican un cambio en la naturaleza de las cosas (mutación sustancial: transformación) o, al menos, una mutación en la cuantidad o en la cualidad de la misma cosa (mutación accidental: alteración).
Que el demonio no pueda producir estas mutaciones internas de modo directo, aparece evidente si se considera que todo sujeto obra de manera semejante a su naturaleza; ahora bien, producir cambios internos significa obrar en un plano netamente material; pero mientras esto puede hacerlo de modo propio e inmediato un agente corpóreo, nunca puede convenir al modo directo de obrar de un demonio, que es un ser puramente espiritual.
Por otra parte, esta manera indirecta de obrar no disminuye en nada el poder de Satanás, muy superior, sin duda, al del hombre; la precisación que hemos hecho se refiere solamente al modo de ejercer dicho poder, de forma que, si para algunas actividades es indirecto, sin embargo es siempre más noble, más elevado que el humano, dada la superioridad de la naturaleza espiritual demoníaca.
Por ejemplo, el entendimiento conoce la realidad exterior mediante los sentidos; por tanto, de modo indirecto; pero esto no impide que la conozca, a la vez, de manera más noble y más elevada.
Por esto, los demonios pueden mover localmente la materia y de esta forma efectuar mutaciones sustanciales y accidentales.
Ahora bien: considerada la imposibilidad —por vía ordinaria— de mutaciones intrínsecas sin algún movimiento local, aunque sea minúsculo y limitado a la esfera de la composición química de la materia, y habida cuenta de la enorme superioridad del conocimiento de los demonios en relación con las leyes y los secretos de la naturaleza, queda patente cuán amplio sea el poder demoníaco en el universo; "podemos decir que casi no hay fenómeno alguno en el mundo, que no pueda ser producido de alguna forma por el demonio. Sólo para formarnos una idea de las cosas maravillosas que el diablo puede, hacer, transcribimos una descripción de Lépicier:
"El ángel puede, sin la conspiración de otras causas, transportar de un lugar a otro cuerpos pesadísimos; puede levantarlos y tenerlos suspendidos en el aire por tiempo indefinido; puede destrozar y reducir a ruinas pueblos y ciudades; puede agitar sus tandas pesadísimas y ponerlas en colisión unas contra otras; producir terremotos y temporales en el mar; desatar tempestades, huracanes, parar el curso de los ríos e incluso, si quiere, dividir las aguas del mar.
Puede, además, el ángel, usando medios idóneos, cual sustancias resplandecientes acaso desconocidas por nosotros, que proyecten en derredor rayos de viva luz, ocasionar efectos maravillosos de óptica, y, con la oportuna combinación de sombra y de luz, producir formas o representaciones fantasmagóricas.
Todavía más; puede el ángel, sin ayuda de instrumento alguno y sólo con emplear los elementos de la materia, hacer oír dulces melodías o sones raros, cual fueran golpes repetidos o explosiones repentinas. Puede condensar las nubes y desencadenar relámpagos y truenos; puede arrancar árboles gigantescos y destruir edificios; puede hacer jirones de toda, clase de ornamento y vestidos y despedazar las rocas más duras y resistentes. Igual mente, el ángel puede también hacer que un lápiz escriba, como movido somáticamente, frases bien correctas; puede conferir a los objetos determinadas formas y adornos diferentes de los propio de su naturaleza; puede, hasta cierto punto, suspender en los animales las funciones de la vida, deteniendo la respiración o acelerando la circulación de la sangre; puede, en brevísimo tiempo fecundar las semillas acabadas de plantar y hacerlas crecer en forma de arbustos vigorosos, con hojas, con flores y hasta frutos.
Por el poder que posee sobre el movimiento local de los elementos de la materia, el ángel puede hacer todas estas cosas en un tiempo brevísimo, sin dificultad alguna, más aún, imitando tan perfectamente a la naturaleza, que parezcan obras naturales.


SEGUNDA ENTRADA

Una persona humana no es un objeto corpóreo cualquiera, material, sino un ser viviente, capaz, además, de una actividad espiritual; un ser que, en su composición, está formado por un cuerpo y un alma, o sea, de una parte material, corporal, y de un único principio vital intelectivo que, por su superioridad, tiene implícitamente el poder de actuar las funciones de orden inferior, o sea, las de la vida vegetativa y sensitiva.
Por tanto, el demonio sólo podrá actuar, de modo directo e inmediato, sobre lo que es materia o necesariamente dependiente de ella, en el hombre; sobre el cuergo, pues, sobre las funciones de la vida vegetativa en cuanto ligadas a la materia, y sobre las de la vida sensitiva por dependientes de los órganos corporales; lo que resulta cierto de cuanto hemos dicho acerca de su posibilidad de producir en la materia el movimiento local, y, mediante éste, la mutaciones intrínsecas.
En cambio, en lo referente a las funciones propias de la vida intelectiva, tan sólo podrá ejercer una acción indirecta y limitada al modo con el que tales facultades dependen del cuerpo.
Para comprender mejor la naturaleza de este especial influjo, estudiémoslo separadamente en cuanto al entendimiento y a la voluntad.
El entendimiento humano, tras la unión del alma y el cuerpo, puede desarrollar su actividad solamente usando lo que proviene de los sentidos; no es que sea necesario un órgano corporal, siendo el entendimiento absolutamente espiritual, pero en el presente orden de cosas, su actividad está subordinada a la actividad de otras facultades directamente coordinadas con órganos corporales, o sea, las facultades sensitivas; lo que aparece evidente, tanto por el hecho de que la lesión de un órgano corporal repercute sobre la misma facultad intelectiva, como por la experiencia cotidiana que nos certifica que, en nuestro esfuerzo por comprender alguna cosa, formamos siempre una imagen que, a guisa de ejemplo, facilítanos casi la misma intelección. Luego, si el demonio puede influir directamente sobre los sentidos, queda patente que puede indirectamente llegar hasta el mismo entendimiento.
En lo que a la voluntad respecta, el demonio también puede influir en ella, pero de modo indirecto y limitado; en otras palabras: solamente puede inclinarla, orientarla, pero jamás moverla eficazmente, cosa posible sólo a Dios. Efectivamente, la voluntad puede ser movida o desde el interior, es decir, de modo directo, actuando sobre su misma naturaleza, o desde el exterior, de modo indirecto, es decir, mediante un objeto bueno o mediante las pasiones.
La primera forma es exclusiva de Dios; como la acción propia de la voluntad consiste en la inclinación del sujeto hacia la cosa querida, entonces cambiar directamente esta inclinación sólo podrá realizarlo quien ha dado al hombre el poder de querer, es decir, Quien es el autor de la naturaleza humana.
Mover la voluntad en la forma segunda, como ya dijimos, puede realizarse o mediante un objeto bueno o mediante las pasiones; por lo que atañe al objeto, conviene precisar cómo tan sólo el Sumo Bien, el Bien Universal, o sea, Dios, puede mover la voluntad de manera eficaz, infalible, mientras que todos los demás objetos, por ser limitados, tan sólo pueden orientarla, halagarla, disponerla a querer, dejándola siempre libre para consentir o no; y por eso el demonio tiene sólo la posibilidad de una influencia que invita, persuade; pero sin la fuerza suficiente para moverla eficazmente. En lo que a las pasiones se refiere, también queda siempre en los límites de un influjo más o menos fuerte, y pudiendo obrar sobre éstas directamente, puede, a su vez, llegar hasta la voluntad.
Por lo tanto, mientras Satanás puede siempre iluminar nuestro entendimiento según sus deseos maléficos, aunque sólo sea de manera indirecta antes dicha, jamás podrá mover eficazmente la voluntad.
Especialmente, el demonio puede mover una persona, sostenerla mucho tiempo en vilo, como levantarla muy alto, transportarla a cualquier lugar todo esto siempre con las máximas facilidades y celeridad. Con mayor motivo puede mover las distintas partes de un cuerpo de la manera más extraña, idiotamente, con aspavientos; aplicar los miembros a varias acciones, como caminar, correr, gesticular, escribir, emitir sonidos; imprimirles una fuerza muchísimo mayor que la propia de la edad o la condición del individuo. Puede también alterar, dentro de ciertos límites, la configuración externa del cuerpo, causar todo género de enfermedades y hasta la muerte.
Porque operando sobre el sistema nervioso puede extender su acción a todas las funciones de la vida vegetativa y sensitiva; y, particularmente, por lo que respecta a la vegetativa, puede influir sobre las tres operaciones fundamentales de nutrición, crecimiento y generación; acelerando, retardando, suspendiendo, en suma, modificando los varios procesos propios de tales operaciones; como digestión, secreción, circulación de la sangre, respiración, asimilación y fecundación.
Por lo que se refiere a la vida sensitiva, puede directamente operar sobre los sentidos externos y los internos, y a través de éstos, arribar indirectamente a los mismos entendimiento y voluntad.
Es principalmente en esta última esfera, donde el diablo desfoga su genio maléfico de las formas más extrañas e imprevistas, ora causando todos aquellos fenómenos y anomalías parecidas a los llamados trastornos y enfermedades psíquicas y mentales, ora en dar rienda suelta a su ciencia y habilidad formidables. Y de esta suerte, el individuo se presentará en las posiciones más inestables, podrá ejecutar los movimientos más acrobáticos, caminar y correr con los ojos cerrados evitando maravillosamente todo obstáculo, sabrá cantar, pintar, realizar otras actividades y artes jamás aprendidas, emitir voces con sonidos y timbres impropios de su voz y de la humana, escribir y hablar lenguas desconocidas, conocer cosas pasadas, lejanas, ocultas, leer el pensamiento ajeno y obrar otras cosas maravillosas.
Si el poder de acción del demonio supera en mucho al de cualquier otro ser creado, sin embargo tiene también sus límites provenientes de tres fuentes, a saber: la naturaleza demoníaca, la diversa condición de cada demonio y la voluntad permisiva de Dios.

Tomado de:

Balducci, C. Los endemoniados hoy. Ed. Marfil, 1965, ps. 11-19.

Visto en InfoCaótica.

¿Mirada parusiaca o quietismo apocalíptico?





Tal vez el aporte más notable del P. Castellani haya sido llamar la atención sobre la centralidad del dogma escatológico como especificativo del ser cristiano. Con acribia teológica y gran talento literario, Castellani nos recordó la importancia de ampliar el horizonte con la mirada parusiaca. Y de vivir en eso que se ha dado en llamar tensión escatológica. Lo cual nos previene de los mesianismos temporales que cifran la perfección en algún bien intramundano. Pero hay grandes verdades que, cuando se sacan de quicio, enloquecen. Veamos algunos peligros:
1. Curiosidad indiscreta. Lo seguro es que el Señor vendrá. Pero la Escritura enseña que nadie sabe el día ni la hora (cfr. Mc 13,33-37). Cristo reveló lo que era necesario y conveniente; y a la vez quiso mantener la incertidumbre acerca del momento preciso en que acontecerá la Parusía. Es un error ponerse a buscar revelaciones privadas que complementen la Revelación pública para remediar una incertidumbre querida por el Señor.
La indeterminación del momento temporal de la Segunda Venida no debe ser obstáculo para una vida cristiana auténtica, ni fuente de desasosiego. Como lo hizo notar San Atanasio:
“No conocer cuándo será el fin ni cuándo será el día del fin es útil a los hombres. Si lo conocieran, despreciarían el tiempo intermedio, aguardando los días próximos a la consumación. En efecto, sólo entonces alegarían motivos para pensar en ellos mismos. Por esto guardó silencio sobre la consumación de la muerte de cada uno para que los hombres no se enorgullecieran con tal conocimiento y no comenzaran a pasar la mayor parte del tiempo irreflexivamente. Ambas cosas, la consumación de todo y el final de cada uno, nos lo ocultó el Verbo (pues en la consumación de todo se halla la consumación de cada uno y en la de cada uno se contiene la del todo) para que siendo incierto y siempre esperado, cada día avancemos como llamados, tendiendo hacia lo que está delante de nosotros y olvidando lo que está detrás (Flp 3, 13)” (Contra Arrianos 3,49).
2. Parálisis moral. Cristo enseñó que para entrar en la vida eterna hay que cumplir los Mandamientos (Mt 19,16-17). De ningún modo dijo que ante la inminencia de la Parusía algunos cristianos -creyéndose superiores a los demás por su mirada parusiaca- estarían dispensados de cumplir los Mandamientos y de practicar las virtudes. Por el contrario, se deben cumplir todos los Mandamientos; practicar todas las virtudes. Dentro de las cuales se incluyen virtudes sociales como la piedad patriótica, la justicia legal y la caridad social. Jamás se puede pensar que ante la inminencia de la Segunda Venida los cristianos deban "congelarse" en una suerte de "ataque de pánico".
3. Descuido de los deberes de estado. La palabra deber ha sufrido un desprestigio, por lo cual pareciera que hablar de deber de estado implica solidarizarse con la ética kantiana. Pero esto no es correcto: los deberes de estado no son otra cosa que la concreción de los Mandamientos y de las virtudes a las distintas situaciones en las que se encuentra un ser humano: familia, profesión, sociedad, comunidad política. “Nadie puede, pues, santificarse sin guardar los […] deberes de su estado; descuidarlos, so pretexto de dedicarse a obras de supererogación, es ilusión perniciosa, y una verdadera aberración; no hay que decir que el precepto es antes que el consejo.” (Tanquerey).
San Pablo tuvo que enfrentarse con este modo particular de parálisis moral que es el descuido de los deberes del propio estado (cfr. cf. 1 Tes 5:14; 2 Tes, 3:6-15). Así describe la actitud de algunos cristianos el comentario bíblico de la BAC a los textos del Apóstol:
“…ante la persuasión de una próxima parusía, descuidaban el trabajo, con los consiguientes trastornos para la vida de la comunidad…”.
“…la preocupación escatológica de los tesalonicenses, quienes andaban agitados y algunos ni trabajaban, pensando en que todo iba a terminar muy pronto.”
Estos tesalonicenses descuidaron sus deberes de estado profesionales. Pero la enseñanza paulina vale también para otros deberes familiares, sociales y políticos.
En suma, la mirada parusiaca no justifica un quietismo apocalíptico, ni tampoco debe causar en los seglares la fiebre desordenada por una fuga del mundo específica del estado religioso. Hay que “vivir el momento actual pensando en la eternidad” (Garrigou-Lagrange), en tensión escatológica, tanto personal como colectiva, sin que esta última se convierta en opio para los laicos o implique una rebaja en su vocación.
Fuente: InfoCaótica.