martes, 28 de junio de 2016

La noche oscura del paganismo





Yahvé Dios, en el Antiguo Testamento condenó a los que adoraban un trozo de madera o arcilla, o imágenes de oro, creyendo que era una representación de su «dios», o algo sagrado.
Israel a pesar de la prohibición de adorar ídolos falsos,[1] recae en el culto idolátrico del cual había sido arrancado.
Muy al contrario de lo que hoy se viene pregonando, Dios aborrece el culto pagano. La adoración de ídolos atenta contra el Primer Mandamiento del Decálogo. La gravedad de este pecado de politeísmo y su consecuente idolatría, lo demostró el mismo Yahvé, cuando afirma:
«No tendrás otros dioses delante de Mí. No te harás escultura ni imagen alguna de lo que hay arriba en el cielo, ni de lo que hay abajo en la tierra, ni de lo que hay en las aguas debajo de la tierra. No te postrarás ante ellas ni les darás culto, porque Yo soy Yahvé, tu Dios, un Dios celoso».[2]
En nombre de Dios, los profetas señalan que la alianza con Dios es como la unión conyugal, que exige fidelidad absoluta, de modo que al admitir otros dioses se comete un adulterio y hasta una prostitución. La idolatría es la prostitución de la adoración.[3]
¿En qué se funda? Hay un triple fundamento: desconfianza en Dios (al cual el hombre ve como un obstáculo para sus realizaciones humanas); empeño por buscar la seguridad fuera de Dios y sus mandamientos, y afán de independencia.
En la Antigua Alianza, el Señor, castigó severa y públicamente a quienes hicieron un pacto con el único y verdadero Dios y retornaron a la idolatría.[4]
«Yo soy Yahvé, y no hay otro; fuera de Mí no hay Dios alguno. Yo te ceñí cuando no me conocías, a fin de que sepan (todos), desde el Oriente hasta el Occidente, que no hay ninguno fuera de Mí. Yo soy Yahvé, y no hay otro».[5]
Lo consideraba como el mayor pecado desde el momento que suponía elevar a un trono de gloria, a personajes míticos o a elementos de la naturaleza.
Por influencia de la idolatría foránea, hasta en las paredes del Templo de Jerusalén, se habían pintado imágenes de reptiles y de animales repugnantes.
A estos ídolos se les besaba, se les acariciaba, se les adoraba de rodillas, era una situación desgraciada para el pueblo elegido, ya que atropellaban el primero y el más importante de los Mandamientos. Aún hasta hoy puede verse a los judíos conservadores, dizque rezar, realizando movimientos obscenos frente al Muro de las Lamentaciones, equivalente a la cópula con la divinidad femenina que según la Cábala emana del lugar.
Por testimonio de Oseas el profeta, sabemos que se les ofrecían sacrificios y libaciones, se amasaban tortas en representación de la diosa Istar.
Aunque el Templo de Jerusalén fue teológicamente destruido por Nuestro Señor Jesucristo, uno de los más odiosos intentos de sustituir la Verdadera Fe con el paganismo, se dio en el siglo IV, durante el reinado de Juliano llamado el Apóstata, sobrino de Constantino.
El Apóstata, desplegó una persecución cristianofóbica para anular moral y culturalmente a los cristianos. Su efectiva táctica consistió en excluir a los discípulos de Cristo de los puestos públicos, les prohibió tener escuelas, confiscó sus templos convirtiéndolos en lugares de culto idolátrico, empujó la herejía arriana adentro de la Iglesia para dividir y discordar a los fieles, los cristianos se vieron aún imposibilitados de acudir a los tribunales, debido a que cada litigante debería ofrecer sacrificios a los dioses paganos del Imperio.
Inició su reinado “como un declarado y entusiástico pagano”, con actitud viciosa atacó y persiguió el cristianismo, y como parte de su plan, quiso restaurar el Templo de Jerusalén, como un “proyecto de primer orden del Imperio”, y por supuesto, empujaron también a los judíos a un entusiasmo fanático para la reconstrucción. Lo atestigua Ammianus Marcellinus, historiador oficial del reino e íntimo amigo del Emperador.
Ahí tenemos muchos hechos históricos de esta afirmación. Cuando se iniciaron los trabajos de reconstrucción del Templo, escribe el Beato John Henry Newman: Las tareas fueron ininterrumpidas por un ciclón tan violento, que se perdieron cantidades gigantes de cal, arena y otros materiales. Siguió una tormenta de truenos y relámpagos. Dice Sócrates que llovió fuego del cielo, y las herramientas de los albañiles, azadas, hachas y serruchos se derritieron. Luego un terremoto levantó las piedras de las cimientos del Templo (afirma Sócrates), llenando las excavaciones (dice Theodoret) que se habían hecho para los nuevos cimientos, y (como añade Rufinus), destruyó los edificios vecinos, especialmente los pórticos públicos, donde una cantidad de judíos ayudaban, y que fueron enterrados en las ruinas. Cuando concluyó el cismo, los obreros retornaron a sus faenas, dice Ammianus que salía fuego por debajo, el que se reiniciaba cada vez que ellos trataban a su vez de reiniciar el trabajo. El fuego corrió por las calles durante horas. San Gregorio añade que las prendas y los cuerpos de las personas fueron marcados con cruces, luminosas por la noche, y oscuras a la luz, mismas que permanecieron definitivamente.
Dios se declaró y dio la solución con una especial intervención suya. Jesús y sus profetas tuvieron la palabra final, en efecto, se sabe por la historia que mientras Juliano el apóstata moría, gritó: «Venciste Galileo» el 26 de junio de 363.[6]
Durante el reinado del terror de la Revolución Francesa, se utilizaron las iglesias como establos para demostrar el desprecio de los revolucionarios a la Religión Verdadera, el hombre sin fe rechazó a Dios y su Ley, y parecía haber ganado temporalmente.
La Revolución Francesa fue una consecuencia de la negación y de las rupturas del siglo XVI, del enfriamiento de la fe durante el siglo XVII, de la exaltación de la razón en el siglo XVIII, y de la explotación de la rebelión por el poder de la francmasonería fundada en 1717 (…) Desde el siglo XVI sale el drama de la rebelión[7]. Aquí vemos prefigurado el materialismo del comunismo ateo.
El deísmo del siglo XVIII engendró el racionalismo del siglo XIX y éste produjo el humanismo secular del siglo XX en los Estados Unidos y el comunismo ateo en Rusia, donde Stalin en su búsqueda de usurpar la autoridad de Dios por medio de la exaltación del hombre, conllevó terribles sufrimientos y destrucción para el mismo hombre.
¿No se vio, cómo colocaron en el altar de Notre Dame a la diosa Razón, coronada de flores, recibiendo los honores sacrílegos del incienso?
Los famosos dioses de la mitología son creaciones humanas, con una necesidad de apagar la sed de espiritualidad que lleva toda alma noble. Sus autores, excelentes poetas y filósofos dieron forma humana a sus inquietudes, a sus urgencias, a sus interrogantes, a sus deseos y así surgió todo ese fabuloso mundo de la mitología con sus personajes divinizados, que son representaciones de las aspiraciones humanas.[8]
El extraordinario orador Emilio Castelar, era cristiano y dondequiera iba, se confesaba públicamente hombre de fe, ya que era época en la que dominaba el naturalismo en las escuelas, no admitían al Dios verdadero, pero sí veneraban y ensalzaban las figuras de los dioses mitológicos. Nos ha dejado esta maravillosa pieza:
Oíd jóvenes, estaban en el Capitolio de Roma, todos los dioses que entonces adoraba el mundo, allí estaba el Isis y Osiris de los egipcios, allí el Baal y la Melita de los babilonios, allí el Ormuzd y el Ahrimán de los persas, allí el Júpiter y la Venus de los griegos, allí el Baco y el Jano de los romanos, allí estaban sobre aquellos pedestales de mármol recibiendo las adoraciones y la sangre de los sacrificios de la humanidad, de pronto se abre de par en par la puerta del augusto templo y entra un misterioso personaje: lleva sobre su cabeza una corona de espinas, sobre su espalda arrastra una pesada Cruz, avanza lentamente, dejando detrás de sus pisadas las huellas de su sangre, llega al centro del famoso templo y yergue con magnifica majestad su cabeza y exclama: Ego sum veritas = Yo soy la Verdad, y aquellos dioses falsos del paganismo se bambolean, se derrumban, caen, se convierten en polvo, y el misterioso personaje avanza, y sobre aquél polvo de todas las falsas divinidades del mundo pagano, levanta Él su altar y dice a las generaciones humanas que pasan: Ego sum veritas, Ego sum caritas, Yo soy la Verdad, Yo soy el Amor, y el mundo regenerado y redimido cayó de rodillas delante de Jesucristo, porque era la Verdad y era la Caridad, es decir, era el Verdadero Dios.
La Biblia nos muestra dos formas de idolatría: la de la perversión y la de la sustitución.La primera tiene lugar cuando el hombre mismo y/o la imagen del Señor son manipulados o pervertidos; la segunda, cuando el Señor mismo es reemplazado por otros dioses, por falsos dioses.
“…aquella secta de hombres que, bajo diversos y casi bárbaros nombres de socialistas, comunistas o nihilistas, esparcidos por todo el orbe, y estrechamente coaligados entre sí por inicua federación, ya no buscan su defensa en las tinieblas de sus ocultas reuniones, sino que, saliendo a pública luz, confiados y a cara descubierta, se empeñan en llevar a cabo el plan, que tiempo ha concibieron, de trastornar los fundamentos de toda sociedad civil. Estos son ciertamente los que, según atestiguan las divinas páginas, ´mancillan la carne, desprecian la dominación y blasfeman de la majestad´ (Jdt. epist. v. 8)”.[9]
Como nos recuerdan San Luis María de Montfort y la Biblia entera, [10]para adorar a Dios hay que desembarazarse de toda idolatría. Es la liberación más importarte: liberar al hombre del círculo diabólico de la idolatría para abrirlo a la adoración de Dios.
Germán Mazuelo-Leytón
[1] Cf.: Dt 4, 19; 5, 7; Ex 34, 14.
[2] Cf.: Ex 20, 3-5.
[3] Cf.: Ez 16, 16: Te hiciste toda clase de lugares altos: En estas “alturas” o “lugares altos” se practicaba el culto prohibido, la “fornicación” o “adulterio” con dioses ajenos. Véase 6, 3; 20, 26; 23, 37; IV Reyes 16, 3; 21, 3 ss.; Jeremías 7, 31; 19, 5; 32, 35; Apocalipsis 17, 2; 18, 3, etc.
[4] Cf.: Num 25, 6-13.
[5] Cf.: Is, 45, 5 y ss.
[6] MAZUELO-LEYTÓN, GERMÁN, Aplasten a la infame.http://www.lapatriaenlinea.com/?nota=55654
[7] DE SAINTE MARIE, P. JOSÉ,
[9] MAZUELO-LEYTÓN, GERMÁN, Intrínsecamente perverso.https://fromrome.wordpress.com/tag/german-mazuelo-leyton/
[10] Cf. Diccionario de espiritualidad montfortiana.

Visto en Adelante la Fe.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario