martes, 28 de junio de 2016

Mons. Marcel Lefebvre: El golpe de maestro de Satanás


Sobre el espiritismo




La postura de la Iglesia Católica ya la hemos visto: hay mucho fraude, pero si hubiesen intervenciones extranaturales, éstas sólo pueden provenir de espíritus malvados.

Hace unos días una persona me preguntó que qué opinaba la Iglesia católica sobre el espiritismo y si le era lícito  entrar en contacto con sus difuntos por ese medio. La respuesta a esta pregunta la tenemos en el “Catecismo de la Iglesia Católica”, que dice así:

“2116. Todas las formas de adivinación deben rechazarse: el recurso a Satán o a los demonios, la evocación de los muertos, y otras prácticas que equivocadamente se supone ‘desvelan’ el porvenir (cf. Dt 18,10; Jr 29,8). La consulta de horóscopos, la astrología, la quiromancia, la interpretación de presagios y de suertes, los fenómenos de visión, el recurso a ‘mediums’ encierran una voluntad de poder sobre el tiempo y la historia y, finalmente, los hombres, a la vez que un deseo de granjearse la protección de poderes ocultos. Están en contradicción con el honor y el respeto, mezclados de temor amoroso, que debemos solamente a Dios”

2117. Todas las prácticas de magia o de hechiceríamediante las que se pretende domesticar potencias ocultas para ponerlas a su servicio y obtener un poder sobrenatural sobre el prójimo –aunque sea para procurar la salud–, son gravemente contrarias a la virtud de la religión. Estas prácticas son más condenables aún cuando van acompañadas de la intención de dañar a otro, recurran o no a la intervención de los demonios. Llevar amuletos es también reprensible. El espiritismo indica con frecuencia prácticas adivinatorias o mágicas. Por eso la Iglesia advierte a los fieles que se guarden de él”.

Podemos decir que éste es el pronunciamiento oficial de la Iglesia sobre estas cuestiones. Deuteronomio 18,10-14 condena enérgicamente y califica de abominaciones a las prácticas a las que hemos hecho referencia, mientras Jeremías 29,8 califica de mentirosos a los profetas y adivinos no enviados por Dios. Y es que en estas cuestiones es muy fácil que nos encontremos con intervenciones diabólicas o, seguramente con nucha más frecuencia, con fraudes.

En la línea de intervenciones diabólicas leo en el célebre libro de A. Trochu, “El cura de Ars”, lo siguiente: Un capitán del ejército pregunta al Cura de Ars si son verdad las historias sobre el diablo. El sacerdote le respondió: “Amigo mío, usted ya sabe algo de esto… Sin lo que hizo, no hubiera podido librarse”. Sus compañeros se dieron cuenta que el santo no hablaba por hablar y le interrogaron. Éste les dijo que había ido a varias sesiones espiritistas y “un día, dijo, al entrar en mi cuarto, sentí la impresión de que no me hallaba solo. Miro y rebusco por todas partes. Nada, al día siguiente lo mismo. Además, me parecía que una mano invisible me apretaba por la garganta. Yo tenía fe. Fui a buscar agua bendita a mi parroquia. Rocié la habitación con todos sus rincones, y, a partir de aquel momento, cesó toda impresión de una presencia extranatural. No dudo que el cura de Ars acaba de aludir a este incidente”.

De todas formas en la gran mayoría de los casos, nos movemos en el campo del fraude. De adolescente teníamos en casa varios volúmenes del libro “Los fraudes espiritistas” del jesuita Carlos María de Heredia. Este señor realizaba sesiones espiritistas muy completas, pero de las que advertía: “todo lo que van a ver, tiene truco”. Y en el libro “Le Spiritisme” de Y. Castellan de la colección Que sais-je?, recoge unas declaraciones de las hermanas Fox, iniciadoras del espiritismo moderno, en que reconocen haber engañado. Otra frase importante que encontramos en ese libro es: “todos los grandes mediums han engañado”.
La postura de la Iglesia Católica ya la hemos visto: hay mucho fraude, pero si hubiese intervenciones extranaturales, éstas sólo pueden provenir de espíritus malvados. Recuerdo lo que me dijo un jesuita, muy conocido parapsicólogo: “Diles a tus alumnos que no jueguen al juego de la ouija (güija), porque un amigo mío, un muy conocido psiquiatra, me dijo. ‘Estoy harto de tener mi consulta llena de adolescentes, como consecuencia del juego de la ouija’”.
Está claro por tanto que el espiritismo es una opción no lícita para un cristiano. Ello no significa sin embargo que  piense que no es posible una relación entre nuestros difuntos y nosotros. Nosotros podemos y debemos ayudarles con nuestras oraciones, y ellos desde luego también nos ayudan con su oración de intercesión por nosotros.

Pedro Trevijano, sacerdote.

Kempis: No se debe dejar ligeramente la sagrada comunión




Muy a menudo debes recurrir a la fuente de la gracia y de
la divina misericordia, y a la fuente de la bondad y de toda la
limpieza, porque puedas ser curado de tus pasiones y vicios, y
merezcas ser hecho más fuerte y más despierto contra todas las
tentaciones y engaños del diablo.

El enemigo sabiendo el grandísimo fruto y remedio que está en
la sagrada comunión, trabaja por todas las vías que él puede estorbarla
a los fieles y devotos cristianos; porque luego que algunos
se disponen a la sagrada comunión padecen peores tentaciones
de satanás que antes; porque el espíritu maligno, según que
se escribe en Job 102, viene entre los hijos de Dios para turbarlos
con su acostumbrada malicia, o para hacerlos muy temerosos y
dudosos, porque así disminuya su afecto, o acosándolos les quite
la confianza; para que de esta manera, o dejen del todo la
comunión, o lleguen a ella tibios y sin fervor.

Mas no debemos cuidar de sus astucias y fantasías, por más
torpes y espantosas que sean; mas quebrarlas todas en su cabeza,
y procurar de despreciar al desventurado, y burlar de él; y
no se debe dejar la sagrada comunión por todas las malicias y
turbaciones que levantare.

Muchas veces también estorba para alcanzar devoción la demasiada
ansia de tenerla, y la gran confianza de confesarse. Por
eso haz en esto lo que aconsejan los sabios, y deja la ansia y
escrúpulo, porque estas cosas impiden la gracia de Dios, y destruyen
la devoción del ánima.

No dejes la sagrada comunión por alguna pequeñuela tribulación
o pesadumbre; mas confiésate luego, y perdona de buena
voluntad las ofensas que te han hecho; y si tú has ofendido a
alguno, pídele perdón con humildad; y así Dios te perdonará de
buena gana.

¿Qué aprovecha dilatar mucho la confesión o la sagrada comunión?
Límpiate en el principio, escupe presto la ponzoña, toma
de presto el remedio, y hallarte has mejor que si mucho tiempo
lo dilatares. Si hoy lo dejas por alguna ocasión, mañana te puede
acaecer otra mayor, y así te estorbarás mucho tiempo, y estarás
más inhábil. Por eso lo más presto que pudieres sacude la pereza
y pesadumbre; que no hace al caso estar largo tiempo con
cuidado envuelto en tribulaciones, y por los estorbos cotidianos
apartarte de las cosas divinas.

Antes daña mucho dilatar la comunión largo tiempo, porque
es causa de estarse el hombre ocupado en grave torpeza. ¡Ay
dolor! que algunos tibios y desordenados dilatan muy de grado

la confesión, y desean alargar la sagrada comunión, por no ser
obligados a guardarse con mayor cuidado. ¡Oh cuán poca caridad,
oh cu´an flaca devoción, oh cuán poco amor divino tienen
los que tan fácilmente dejan la sagrada comuni´on!
¡Cuán bienaventurado es y cuán agradable a Dios el que vive
tan bien, y con tanta puridad guarda su conciencia, que cada día
está aparejado a comulgar, deseoso de hacerlo así que le conviniese,
y no fuese notado! Si alguno se abstiene algunas veces por
humildad o por alguna cosa legítima, de loar es por la reverencia;
mas si poco a poco le entrare la tibieza, debe despertarse,
y hacer lo que en sí es; nuestro Señor ayudar´a a su deseo por la
buena voluntad, la cual él mira especialmente.

Mas cuando fuere legítimamente impedido, tenga siempre
buena voluntad, y devota intención de comulgar, y así no carecerá
del fruto del Sacramento. Porque todo hombre devoto
puede comulgar cada día y cada hora espiritualmente; mas en
ciertos días, en el tiempo ordenado debe recibir el Sacramento
del cuerpo de nuestro Redentor Jesucristo con amorosa reverencia.
Y más se debe mover a ello por loor y honra de Dios, que
por buscar su propia consolación. Porque tantas veces comulga
secretamente, y es recreado invisiblemente, cuantas se acuerda
devotamente del misterio de la encarnación de nuestro Señor
Jesucristo y de su preciosísima pasión, y se enciende en su divino
amor.

Mas el que no se apareja en otro tiempo, sino para la fiesta, o
cuando le fuere la costumbre, muchas veces se hallará mal aparejado.
Bienaventurado el que se ofrece a Dios en entero sacrificio
cuantas veces celebra o comulga. No seas muy prolijo, ni acelerado
en celebrar, mas guarda una buena manera; y confórmate
con los de tu conversación, no los enojes, más sigue la vía común
según la orden de los mayores, y más debes mirar el aprovechamiento
de los otros que tu propia devoción y deseo.

Libro De la Imitación de Cristo, Tomás de Kempis, Capítulo X.

Casiano el Romano sobre la acidia y el demonio




La acidia Nuestra sexta lucha es contra el espíritu de la acidia, que está unido al espíritu de la tristeza y con él colabora, siendo éste un terrible y pesado demonio, siempre pronto a ofrecer una batalla a los monjes. Cae sobre el monje en la hora sexta produciéndole desasosiego y escalofríos, causándole odios hacia el lugar donde se encuentra y contra los hermanos que viven con él, así como respecto de su trabajo y de la lectura misma de las divinas Escrituras. Le insinúa también el pensamiento de cambiar de lugar y la idea de que, si no cambia y no se muda, todo será fatiga y tiempo perdido. Además de esto, le dará hambre alrededor de la hora sexta, un hambre tal como no le sucede después de tres días de ayuno, de un largo viaje o de una gran fatiga. Luego hará que surjan pensamientos varios, tales como que no podrá nunca liberarse de tal mal o de tal peso, si no sale frecuentemente visitando a tal hermano, para obtener una ventaja, se entiende, o visitando a los enfermos.

Cuando el monje no se encuentra atado por estos pensamientos, lo sumerge entonces en un sueño profundo, tornándose el sentimiento aun más violento y fuerte en contra de él, y no podrá ser ahuyentado si no es por medio de la oración, evadiendo el ocio, con la meditación de las divinas palabras y con la resistencia a las tentaciones. Porque si este espíritu no encuentra al monje defendido por estas armas, lo golpea con sus flechas y lo torna inestable, lo agita, lo torna indolente y ocioso, induciéndolo a recorrer varios monasterios, no preocupándose, no buscando otra cosa más que lugares donde se coma y se beba bien. Porque la mente del acidioso no piensa más que en esto o en la excitación que proviene de estas cosas. Y llegado a este punto, el demonio lo envuelve en asuntos mundanos, y poco a poco lo engancha mediante estas peligrosas ocupaciones, hasta que el monje rechaza del todo su profesión monástica. 

El divino Apóstol, sabiendo cuán pesado es este mal, y queriendo, cual médico sabio, erradicarlo completamente de nuestras almas, nos muestra sobre todo las causas que lo originaron y nos habla así: Os rogamos hermanos, en el nombre del Señor nuestro Jesucristo, manteneros alejados de todo hermano que no cambie por la disciplina y siguiendo la tradición que habéis recibido de nosotros. Vosotros sabéis cómo imitarnos, puesto que no nos hemos portado desordenadamente entre vosotros: no hemos comido gratuitamente el pan de nadie, sino que hemos trabajado día y noche con fatiga y afán para no ser una carga para vosotros; no porque tuviésemos potestades para no trabajar, sino con el fin de darles un modelo a imitar. Cuando estuvimos entre ustedes les pedimos esto: si alguno no quiere trabajar, que tampoco coma. Sentimos que algunos de entre vosotros caminan indisciplinadamente, sin hacer nada, pero inmiscuyéndose en todo. A éstos nos dirigimos y les recomendamos en Cristo Jesús que coman de su pan, trabajando con tranquilidad (2 Ts 3:6-12).

Sabemos con cuanta sabiduría el Apóstol nos muestra las causas del tedio. Llama "sin disciplina" a los que no trabajan; pone en evidencia con esta sola palabra una gran malicia, porque el que lo hace no teme a Dios, no considera a su hermano al hablar y es presto al insulto: es decir, no sabe estar en paz y es esclavo del tedio. El Apóstol nos ordena mantenernos alejados de tales personas, es decir, separarnos como de un mal contagioso. Y no según la tradición que han recibido de nosotros (2 Ts 3,6), y con esta expresión indica cómo aquellos son soberbios, discruptores y malos difusores de las tradiciones apostólicas. Aun dice: No hemos comido gratuitamente pan de nadie, sino que hemos trabajado día y noche con fatiga y afán (2Ts 3:8).

El Doctor de las gentes, el heraldo del Evangelio, aquel que ha sido raptado hasta el tercer cielo, aquel que dice cómo el Señor ha establecido que aquellos que anuncian el Evangelio viven del Evangelio, trabaja de día y de noche para no ser una carga para nadie (2Ts 3:8). ¿Qué haremos nosotros, que frente al trabajo nos mostramos tediosos y buscamos el reposo del cuerpo? Nosotros, a quienes no nos ha sido confiado el anuncio del Evangelio ni la preocupación de las iglesias, sino apenas el cuidado de nuestra alma. Y el Apóstol agrega: mostrando claramente el daño causado por el ocio: ...sin hacer nada pero inmiscuyéndose el todo (2Ts 3:11). Del ocio viene la curiosidad, de la curiosidad, la falta de disciplina y de ésta toda malicia. Pero el Apóstol nuevamente prevé una cura para éstos y agrega: A éstos recomendamos que coman de su pan trabajando con tranquilidad (2Ts 3:12). Y de modo aún más impresionante, agrega: El que no quiera trabajar, que tampoco coma (2Ts 3:10). 

Los santos Padres que viven en Egipto, adiestrados por estos preceptos apostólicos, no permiten a los cristianos permanecer ociosos en ningún momento, sobre todo si se trata de jóvenes. Porque saben que sometiéndose al trabajo alejan el tedio, obtienen su propia comida y ayudan a los necesitados. 

Éstos no trabajan sólo para obtener su propia comida, sino para proveer a los extranjeros, a los pobres y a los presos con su propio trabajo; a causa de su propia fe, las buenas obras que hacen se convierten en un sacrificio santo, grato a Dios.

También dicen esto los Padres: "El que trabaja, no tiene a menudo más que un solo demonio a quien combatir y por el cual está oprimido, mientras que el ocioso está atormentado por miríadas de malos espíritus.

Pero es bueno agregar también una palabra del padre Moisés, hombre de probadísima virtud entre los Padres. Me refiero a una palabra que recibí de él. En un breve período transcurrido por mí en el desierto, fui atormentado por el tedio, por lo que acudí a su consejo contándole lo que me había ocurrido. 

Habiéndome el tedio reducido a los extremos, logré superarlo acudiendo a san Pablo. El padre Moisés me contestó así: "Ten coraje. No te has liberado, sino que te le has entregado totalmente como esclavo. Debes saber que, puesto que has desertado, te hará una guerra aún más grave, si de ahora en adelante no te dedicas a combatirlo con celo por medio de la paciencia, de la oración y del trabajo manual." 

Fuente: La Filocalia

Tiempos Satanicos: Lanzan “Agony”, el juego de video que lleva al infierno a los jovenes




Aunque se parece más a una película de terror, este tipo de producto sólo refleja el creciente interés de la gente sobre él. La industria del entretenimiento parece creer que es rentable...

ATENCION: Controlen los juegos que usan sus hijos, pues aqui es donde comienzan los problemas espirituales de los jovenes.

El nuevo juego de video Agony será lanzado el año que viene,y éste quiere presentar una nueva propuesta. Ene ste caso el personaje principal del juego está atrapado en el infierno, llega al lugar de tormento sin memoria, sin saber cómo llegó hasta allí y su único objetivo es huír. Sin embargo su cuerpo está completamente carbonizado.

Segun PC Gamer, para lograr su objetivo y sobrevivir, el jugador debe entrar en los “cuerpos” de los demonios y las almas condenadas.
La habilidad del jugador sera controlar otras almas y demonios que también le serán útil en la jornada para encontrar a la “Reina Roja”, la única moradora que lo puede liberar.

Este seria el primer juego de estudio polaco Madmind, creado por nueve veteranos de la industria del juego. Será lanzado al mismo tiempo que las versiones para PC, Xbox One y PlayStation 4. Conforme con analistas especiales de la industria, será un éxito en ventas.

Segun los sitios web de gamers, los amantes de estos estilos de juegos están ansiosos con Agony y al ver su primer tráiler, que bien podría ser la intro del juego, en el cual podemos se puede ver una idea de retratar el infierno sin escapar de detalles grotescos y míticos.

Por lo que se puede observar en el tráiler todo parece indicar que estamos ante el infierno que se plasma en las hojas de ‘La Divina Comedia’, con una dirección artística que estará llena de almas torturadas, súcubos y criaturas demoníacas que imponen castigos y terror.

Lo que más llama la atención del juego, sería la forma en la que explota este universo demoniaco, ya que en lugar de tener el papel de alguien que se va despedazando a medio infierno, los jugadores estaran en el papel de un alma torturada que ha perdido sus recuerdos y que ha sido arrojada a las profundidades del infierno, pero que tiene la pequeña habilidad de controlar la mente de algunos torturados y demonios.

Vea por si mismo el Trailer del video juego que llevara a la gente a experimentar el infierno:



Fuente: Noticias Finales. 

La noche oscura del paganismo





Yahvé Dios, en el Antiguo Testamento condenó a los que adoraban un trozo de madera o arcilla, o imágenes de oro, creyendo que era una representación de su «dios», o algo sagrado.
Israel a pesar de la prohibición de adorar ídolos falsos,[1] recae en el culto idolátrico del cual había sido arrancado.
Muy al contrario de lo que hoy se viene pregonando, Dios aborrece el culto pagano. La adoración de ídolos atenta contra el Primer Mandamiento del Decálogo. La gravedad de este pecado de politeísmo y su consecuente idolatría, lo demostró el mismo Yahvé, cuando afirma:
«No tendrás otros dioses delante de Mí. No te harás escultura ni imagen alguna de lo que hay arriba en el cielo, ni de lo que hay abajo en la tierra, ni de lo que hay en las aguas debajo de la tierra. No te postrarás ante ellas ni les darás culto, porque Yo soy Yahvé, tu Dios, un Dios celoso».[2]
En nombre de Dios, los profetas señalan que la alianza con Dios es como la unión conyugal, que exige fidelidad absoluta, de modo que al admitir otros dioses se comete un adulterio y hasta una prostitución. La idolatría es la prostitución de la adoración.[3]
¿En qué se funda? Hay un triple fundamento: desconfianza en Dios (al cual el hombre ve como un obstáculo para sus realizaciones humanas); empeño por buscar la seguridad fuera de Dios y sus mandamientos, y afán de independencia.
En la Antigua Alianza, el Señor, castigó severa y públicamente a quienes hicieron un pacto con el único y verdadero Dios y retornaron a la idolatría.[4]
«Yo soy Yahvé, y no hay otro; fuera de Mí no hay Dios alguno. Yo te ceñí cuando no me conocías, a fin de que sepan (todos), desde el Oriente hasta el Occidente, que no hay ninguno fuera de Mí. Yo soy Yahvé, y no hay otro».[5]
Lo consideraba como el mayor pecado desde el momento que suponía elevar a un trono de gloria, a personajes míticos o a elementos de la naturaleza.
Por influencia de la idolatría foránea, hasta en las paredes del Templo de Jerusalén, se habían pintado imágenes de reptiles y de animales repugnantes.
A estos ídolos se les besaba, se les acariciaba, se les adoraba de rodillas, era una situación desgraciada para el pueblo elegido, ya que atropellaban el primero y el más importante de los Mandamientos. Aún hasta hoy puede verse a los judíos conservadores, dizque rezar, realizando movimientos obscenos frente al Muro de las Lamentaciones, equivalente a la cópula con la divinidad femenina que según la Cábala emana del lugar.
Por testimonio de Oseas el profeta, sabemos que se les ofrecían sacrificios y libaciones, se amasaban tortas en representación de la diosa Istar.
Aunque el Templo de Jerusalén fue teológicamente destruido por Nuestro Señor Jesucristo, uno de los más odiosos intentos de sustituir la Verdadera Fe con el paganismo, se dio en el siglo IV, durante el reinado de Juliano llamado el Apóstata, sobrino de Constantino.
El Apóstata, desplegó una persecución cristianofóbica para anular moral y culturalmente a los cristianos. Su efectiva táctica consistió en excluir a los discípulos de Cristo de los puestos públicos, les prohibió tener escuelas, confiscó sus templos convirtiéndolos en lugares de culto idolátrico, empujó la herejía arriana adentro de la Iglesia para dividir y discordar a los fieles, los cristianos se vieron aún imposibilitados de acudir a los tribunales, debido a que cada litigante debería ofrecer sacrificios a los dioses paganos del Imperio.
Inició su reinado “como un declarado y entusiástico pagano”, con actitud viciosa atacó y persiguió el cristianismo, y como parte de su plan, quiso restaurar el Templo de Jerusalén, como un “proyecto de primer orden del Imperio”, y por supuesto, empujaron también a los judíos a un entusiasmo fanático para la reconstrucción. Lo atestigua Ammianus Marcellinus, historiador oficial del reino e íntimo amigo del Emperador.
Ahí tenemos muchos hechos históricos de esta afirmación. Cuando se iniciaron los trabajos de reconstrucción del Templo, escribe el Beato John Henry Newman: Las tareas fueron ininterrumpidas por un ciclón tan violento, que se perdieron cantidades gigantes de cal, arena y otros materiales. Siguió una tormenta de truenos y relámpagos. Dice Sócrates que llovió fuego del cielo, y las herramientas de los albañiles, azadas, hachas y serruchos se derritieron. Luego un terremoto levantó las piedras de las cimientos del Templo (afirma Sócrates), llenando las excavaciones (dice Theodoret) que se habían hecho para los nuevos cimientos, y (como añade Rufinus), destruyó los edificios vecinos, especialmente los pórticos públicos, donde una cantidad de judíos ayudaban, y que fueron enterrados en las ruinas. Cuando concluyó el cismo, los obreros retornaron a sus faenas, dice Ammianus que salía fuego por debajo, el que se reiniciaba cada vez que ellos trataban a su vez de reiniciar el trabajo. El fuego corrió por las calles durante horas. San Gregorio añade que las prendas y los cuerpos de las personas fueron marcados con cruces, luminosas por la noche, y oscuras a la luz, mismas que permanecieron definitivamente.
Dios se declaró y dio la solución con una especial intervención suya. Jesús y sus profetas tuvieron la palabra final, en efecto, se sabe por la historia que mientras Juliano el apóstata moría, gritó: «Venciste Galileo» el 26 de junio de 363.[6]
Durante el reinado del terror de la Revolución Francesa, se utilizaron las iglesias como establos para demostrar el desprecio de los revolucionarios a la Religión Verdadera, el hombre sin fe rechazó a Dios y su Ley, y parecía haber ganado temporalmente.
La Revolución Francesa fue una consecuencia de la negación y de las rupturas del siglo XVI, del enfriamiento de la fe durante el siglo XVII, de la exaltación de la razón en el siglo XVIII, y de la explotación de la rebelión por el poder de la francmasonería fundada en 1717 (…) Desde el siglo XVI sale el drama de la rebelión[7]. Aquí vemos prefigurado el materialismo del comunismo ateo.
El deísmo del siglo XVIII engendró el racionalismo del siglo XIX y éste produjo el humanismo secular del siglo XX en los Estados Unidos y el comunismo ateo en Rusia, donde Stalin en su búsqueda de usurpar la autoridad de Dios por medio de la exaltación del hombre, conllevó terribles sufrimientos y destrucción para el mismo hombre.
¿No se vio, cómo colocaron en el altar de Notre Dame a la diosa Razón, coronada de flores, recibiendo los honores sacrílegos del incienso?
Los famosos dioses de la mitología son creaciones humanas, con una necesidad de apagar la sed de espiritualidad que lleva toda alma noble. Sus autores, excelentes poetas y filósofos dieron forma humana a sus inquietudes, a sus urgencias, a sus interrogantes, a sus deseos y así surgió todo ese fabuloso mundo de la mitología con sus personajes divinizados, que son representaciones de las aspiraciones humanas.[8]
El extraordinario orador Emilio Castelar, era cristiano y dondequiera iba, se confesaba públicamente hombre de fe, ya que era época en la que dominaba el naturalismo en las escuelas, no admitían al Dios verdadero, pero sí veneraban y ensalzaban las figuras de los dioses mitológicos. Nos ha dejado esta maravillosa pieza:
Oíd jóvenes, estaban en el Capitolio de Roma, todos los dioses que entonces adoraba el mundo, allí estaba el Isis y Osiris de los egipcios, allí el Baal y la Melita de los babilonios, allí el Ormuzd y el Ahrimán de los persas, allí el Júpiter y la Venus de los griegos, allí el Baco y el Jano de los romanos, allí estaban sobre aquellos pedestales de mármol recibiendo las adoraciones y la sangre de los sacrificios de la humanidad, de pronto se abre de par en par la puerta del augusto templo y entra un misterioso personaje: lleva sobre su cabeza una corona de espinas, sobre su espalda arrastra una pesada Cruz, avanza lentamente, dejando detrás de sus pisadas las huellas de su sangre, llega al centro del famoso templo y yergue con magnifica majestad su cabeza y exclama: Ego sum veritas = Yo soy la Verdad, y aquellos dioses falsos del paganismo se bambolean, se derrumban, caen, se convierten en polvo, y el misterioso personaje avanza, y sobre aquél polvo de todas las falsas divinidades del mundo pagano, levanta Él su altar y dice a las generaciones humanas que pasan: Ego sum veritas, Ego sum caritas, Yo soy la Verdad, Yo soy el Amor, y el mundo regenerado y redimido cayó de rodillas delante de Jesucristo, porque era la Verdad y era la Caridad, es decir, era el Verdadero Dios.
La Biblia nos muestra dos formas de idolatría: la de la perversión y la de la sustitución.La primera tiene lugar cuando el hombre mismo y/o la imagen del Señor son manipulados o pervertidos; la segunda, cuando el Señor mismo es reemplazado por otros dioses, por falsos dioses.
“…aquella secta de hombres que, bajo diversos y casi bárbaros nombres de socialistas, comunistas o nihilistas, esparcidos por todo el orbe, y estrechamente coaligados entre sí por inicua federación, ya no buscan su defensa en las tinieblas de sus ocultas reuniones, sino que, saliendo a pública luz, confiados y a cara descubierta, se empeñan en llevar a cabo el plan, que tiempo ha concibieron, de trastornar los fundamentos de toda sociedad civil. Estos son ciertamente los que, según atestiguan las divinas páginas, ´mancillan la carne, desprecian la dominación y blasfeman de la majestad´ (Jdt. epist. v. 8)”.[9]
Como nos recuerdan San Luis María de Montfort y la Biblia entera, [10]para adorar a Dios hay que desembarazarse de toda idolatría. Es la liberación más importarte: liberar al hombre del círculo diabólico de la idolatría para abrirlo a la adoración de Dios.
Germán Mazuelo-Leytón
[1] Cf.: Dt 4, 19; 5, 7; Ex 34, 14.
[2] Cf.: Ex 20, 3-5.
[3] Cf.: Ez 16, 16: Te hiciste toda clase de lugares altos: En estas “alturas” o “lugares altos” se practicaba el culto prohibido, la “fornicación” o “adulterio” con dioses ajenos. Véase 6, 3; 20, 26; 23, 37; IV Reyes 16, 3; 21, 3 ss.; Jeremías 7, 31; 19, 5; 32, 35; Apocalipsis 17, 2; 18, 3, etc.
[4] Cf.: Num 25, 6-13.
[5] Cf.: Is, 45, 5 y ss.
[6] MAZUELO-LEYTÓN, GERMÁN, Aplasten a la infame.http://www.lapatriaenlinea.com/?nota=55654
[7] DE SAINTE MARIE, P. JOSÉ,
[9] MAZUELO-LEYTÓN, GERMÁN, Intrínsecamente perverso.https://fromrome.wordpress.com/tag/german-mazuelo-leyton/
[10] Cf. Diccionario de espiritualidad montfortiana.

Visto en Adelante la Fe.

lunes, 27 de junio de 2016

El dolor del alma




Velad, pues no sabéis el día ni la hora  (Mt. 25, 11).
E irán al suplicio eterno, y los justos a la vida eterna (Mt. 25, 46).




El alma se separa del cuerpo

Queridos hermanos, ¿han meditado por un instante el momento de la muerte, cuando su alma se separe definitivamente del cuerpo? El alma estará completamente sola, ya no se sentirá apoyada por su cuerpo, estará en una espantosa soledad. Estará frente a toda su vida; ésta pasará delante de ella como una película. No podrá mentir, ni disimular, ni se podrá apoyar en nada absolutamente. Nada podrá ocultar como  cuando estaba en el cuerpo. Estará absolutamente sola ante su vida, ante toda su vida, pues nada quedará oculto.

No podemos entender lo que es estar el alma sin el cuerpo. Pero debemos meditar en ello. Porque en ese momento nada tiene sentido, sólo lo que hayamos hecho de bueno.
Vamos a morir irremediablemente, e irremediablemente sólo nos llevaremos nuestras obras, buenas o malas. Nuestra alma acudirá sola al juicio particular, en primer lugar. El alma estará al principio muy asustada, tremendamente asustada sin saber qué ocurre. Nada sabrá. Sólo temor ante lo desconocido. Habrá un silencio indescriptible. Ya no hay nada, solo el alma ante Dios. Toda la vida la verá en un instante, ya no podrá arrepentirse, ni excusarse, ni pedir perdón. No dirá nada porque nada puede decir. Experimentará lo que es la nada más absoluta.
Sólo escuchará la voz de Dios qua la llamará por su nombre. Comprenderá la grandeza de Dios, Su Omnipotencia que todo lo sabe, que todo lo ve,  que todo lo escucha. Aunque el alma no se acuerde, Él sí se acuerda. Si el alma no sabe si realizó esto o aquello  del agrado de Dios, Él le dirá: ¡Claro que hiciste esto bueno! ¡Claro que hiciste aquello que me agradó!
Pero, ¡oh horror, entre los horrores!, ¡si el alma se separa del cuerpo sin arrepentirse de sus pecados  y se presenta ante Dios con pecados mortales! Ya no oirá la voz de Dios, sino la del  demonio. ¡Te has condenado alma por tu propia voluntad! Es lo más horripilante que se pueda uno imaginar.
Ha venido la muerte y te ha cogido de imprevisto en tu pecado mortal, no has estado preparado, no te has preocupado por ello; no has pensado en la salvación ni en la condenación; mientras estabas en el cuerpo vivías felizmente como si esta vida nunca fuera a terminar, despreocupada totalmente del juicio divino.
Pero el momento llega y el alma comprueba lo que es estar sin el cuerpo, y experimenta la terrorífica experiencia de su soledad cuando ve la realidad monstruosa de sus pecados mortales y la ofensa que ha infligido al Creador. Se terminó su seguridad y su complacencia en las cosas terrenales. Ya nada le interesan. Sólo la horrible tristeza de su vida de pecado le preocupa. El miedo será tal que ni podrá arrepentirse, aunque ya de nada podrá valer. Oirá la voz horrorosa, terrible y escalofriante del demonio que la llama por su nombre. Todo acabó, empieza la eternidad de dolor y sufrimiento. Lo que era placer, ahora es condenación. El alma se podría haber salvado y no lo hizo.

Almas de niños en el Purgatorio
Queridos hermanos, el Señor quiere muchísimo a los niños. ¿Por qué hay niños en el Purgatorio? Porque camino del Calvario los padres les ponían piedras en las manos de sus hijos y les obligaban a que se las tiraran al Señor. Ellos no entendían por qué, y, al principio remisos, terminaron tirándolas mientras se reían como los mayores. A pesar de  su inocencia inicial, terminan actuando con malicia y haciendo el mal.
Los padres educan como quieren a los hijos, los educan en el pecado. Por culpa de los padres hay muchos niños sin bautizar y sin revivir las Sagrada Comunión.
Los niños que en el camino del Calvario le tiraban piedras eran los mismos que Él había sentado en Su regazo y acariciado. Los niños pecaron contra Dios, le apedrearon y se rieron de Él. Son niños, pero pecan al desobedecer, al insultar, al pegar a sus compañeros o hermanos, cuando se ríen de otros niños, cuando dan patadas, cuando rechazan al Señor y no se confiesan, y muchos comulgan en este estado de pecado.
En su pequeño entendimiento deben saber que el Señor está presente en la Sagrada Eucaristía. Están contagiados por el mal. Sus padres son culpables, pero ellos son pecadores.
Los niños pecan y han de confesarse.

Alma limpia de todo pecado.
Queridos hermanos, deseemos que nuestra vida sea inmaculada para que cuando venga la muerte no nos condenemos. El pecador necesita  ayuda para ser convertido a Jesucristo, para llevar  una vida limpia, transparente, sin mácula de pecado. ¡Sin pecado!
Con gran frivolidad se acude a velatorios donde lo que  menos se hace es rezar por el alma del difunto. Cuando alguien fallece necesita imperiosamente oraciones para que el alma tenga esos sufragios en el momento indescriptible en que se separa de  su cuerpo definitivamente, en el momento del silencio más absoluto que uno se pueda imaginar, en el momento de angustia ante lo desconocido y nuevo para ella.
Dios es bueno y sólo quiere que el pecador se arrepienta.
El dolor del alma ante lo desconocido, por el bien que pudo hacer y no hizo, por cuanto puedo amar a Dios y no lo amó, ante la realidad de no poder arrepentirse,  ante la falta total de valimiento propio, de indefensión más absoluta, ante la voz de Dios o la voz del demonio.
Ave María Purísima.
Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa.
Fuente: Adelante la Fe.

martes, 21 de junio de 2016

La tentación demoníaca en tres santos


5 santos que tuvieron aterradoras visiones del infierno




Muchos santos afirmaron haber tenido sobrenaturales visiones del infierno. Y, aunque la iglesia no se basa en ellas para formular doctrina, estas visiones deben recordarnos lo que nuestra fe ya enseña: el infierno es un lugar real y terrible, y la gente realmente puede llegar allí.
Santa Faustina, una gran santa del siglo XIX, dijo acerca de una sus visiones:
Lo que he escrito no es más que una pálida sombra de las cosas que vi. Pero me di cuenta de una cosa: que la mayoría de las almas que hay no creían que hubiera un infierno. ¡Cuán terriblemente sufren las almas allí!  En consecuencia, pido aún más fervientemente por la conversión de los pecadores
Así que arrepiéntete de tus pecados, vuelve al Señor y ayuda a otros a volver a Él.

1) Beata Ana Catalina Emmerich: “Nadie podría contemplarlo sin temblar”

La Beata Ana Catalina Emmerich vivió a final del siglo 18 y principios del siglo 19 en el Sacro Imperio Romano. Fue una mística que afirmó haber tenido visiones de todo tipo de cosas espirituales. He aquí un extracto de una de sus visiones del infierno:
“El exterior del Infierno era horrible y espantoso; era un inmenso edificio de aspecto pesado, y el granito del que estaba formado, aunque negro, era de brillo metálico; y las puertas oscuras y pesadas fueron aseguradas con muchos cerrojos tan terribles que nadie podría contemplarlos sin temblar.
Gemidos profundos y gritos de desesperación pueden distinguirse claramente incluso cuando las puertas estaban bien cerradas; pero, ¡Quién puede describir los gritos y chillidos que estallaron uando se soltaron los tornillos terribles y las puertas se abrieron!; y, oh, ¡quién puede describir el aspecto melancólico de los habitantes de este lugar miserable! […]
Todo dentro de él es, por el contrario, cerrado, confuso, y lleno de gente; cada objeto tiende a llenar la mente con sensaciones de dolor y pena; la desesperación, como un buitre, roe cada corazón, y la discordia y miseria reinan alrededor. […] En la ciudad del Infierno no hay nada que ver, solo mazmorras sombrías, oscuras cavernas, desiertos espantosos, pantanos fétidos llenos de todas las especies imaginables de reptiles venenosos y repugnantes. […]
En el Infierno, hay escenas perpetuas de miserable discordia, y toda clase de pecado y corrupción, ya sea bajo las formas más horribles imaginables, o representadas por diferentes tipos de tormentos espantosos. Todo en esta morada triste tiende a llenar la mente de horror; ni una palabra de consuelo se escucha y ninguna idea consoladora es admitida; el único y tremendo pensamiento es la justicia que un Dios todopoderoso otorga a la nada maldita, acompañado de la convicción absorbente de que ellos la han merecido plenamente y esto agobia cada uno de sus corazones.
El vicio aparece en su verdadero aspecto, colores repugnantes y sombríos. Se despojó de la máscara bajo la cual se ocultaba en este mundo, y la víbora infernal es vista devorando los que lo han querido o fomentado. En una palabra, el Infierno es el templo de la angustia y la desesperación…”

2) Santa Teresa de Ávila: “En el fuego, y despedazada”

La gran mística del siglo 16 y Doctora de la Iglesia, afirma haber tenido esta experiencia del infierno:
“La entrada parecía ser un estrecho pasaje largo, como un horno, muy baja y oscura. El suelo parecía estar saturado con lodo, muy sucio, emanando olores pestilentes, y cubierto de bichos repugnantes. Al final era un lugar vacío en la pared, como un armario, y en éste me vi encerrada. […]
Sentí un fuego en mi alma. […] Mis sufrimientos corporales eran insoportables. He padecido los sufrimientos más dolorosos en esta vida… sin embargo, todos estos eran nada en comparación con lo que sentí entonces, sobre todo cuando vi que no habría ninguna interrupción, ni ningún fin a ellos. […]
No vi quién era el que me atormentaba, pero me sentí en el fuego, y me parecía estar como despedazada. Y lo repito, este fuego interior y la desesperación son los mayores tormentos de todos. […]
Yo no podía sentarme ni acostarme: no había espacio. Me pusieron como en un agujero en la pared; y esas paredes, terribles por sí mismas, me cercaban por todas partes. Yo no podía respirar. No había luz, todo era oscuridad. […]
Estaba tan aterrorizada por esa visión – y siento el terror en mí incluso ahora mientras estoy escribiendo – que a pesar de que esto tuvo lugar hace casi seis años, el calor natural de mi cuerpo se enfría por el miedo, incluso ahora, cuando pienso en ello […]
Fue esa visión que me llenó de la gran angustia que siento al ver a tantas almas perdidas, sobre todo las de los luteranos que fueron una vez miembros de la Iglesia por el bautismo – y también esta visión me dio los deseos más vehementes por la salvación de las almas; porque ciertamente creo que, para salvar aunque sea a un alma de esos tormentos abrumadores, yo de muy buena gana resistiría muchas muertes”.

3) San Juan Bosco: “Terror indescriptible”

En 1868, San Juan Bosco afirmó que había tenido un sueño sobre el infierno. Su narración completa es bastante larga, así que aquí compartimos sólo un breve fragmento:
“En cuanto crucé el umbral, sentí un terror indescriptible y no me atreví a dar un paso más. Delante de mí pude ver algo así como una inmensa cueva que desapareció gradualmente en huecos hundidos profundamente en las entrañas de la montaña. Todos estaban en llamas, pero el suyo no era un fuego terrenal con lenguas de fuego, sino que toda la cueva – paredes, techo, piso, hierro, piedras, madera y carbón – todo era un blanco resplandeciente a temperaturas de miles de grados. Sin embargo, el fuego no se incineraba, no se consumía. Yo simplemente no puedo encontrar palabras para describir el horror de la caverna.[…]
Mi guía tomó mi mano, me obligó a abrirla, y la apretó contra la primera de las mil paredes. La sensación era tan absolutamente insoportable que salté hacia atrás con un grito y me encontré sentado en la cama.
Mi mano estaba lastimada y seguí frotando para aliviar el dolor. Cuando me levanté esta mañana me di cuenta de que estaba hinchada. Tener mi mano apretada contra la pared, aunque sólo en un sueño, se sentía tan real que, más tarde, la piel de la palma de mi mano se peló.
Tenga en cuenta que he intentado no asustarte mucho, y por eso no he descrito estas cosas con todo su horror como las vi y como me impresionaron. Sabemos que Nuestro Señor siempre representó el infierno con símbolos porque, si hubiera descrito como realmente es, no lo habríamos comprendido. Ningún mortal puede comprender estas cosas”.

4) Sor Lucía de Fátima: “Gritos y gemidos de dolor y desesperación”

Sor Lucía de Fátima no es santa (ya que murió recientemente, en 2005), pero fue una de las videntes de Fátima en el siglo 20, una aparición aprobada en la Iglesia. Como parte de esa visión, ella dice que vio el infierno:
“Vimos, por decirlo así, un vasto mar de fuego. Sumido en este fuego, vimos a los demonios y las almas de los condenados.
Estos últimos eran como brasas transparentes en llamas, todos de bronce ennegrecido o bruñido, que tienen formas humanas. Ellos estaban flotando alrededor de un incendio, siendo elevadas en el aire por las llamas que de ellas mismas salían, juntamente con nubes de humo. Luego, ellos se replegaron por todos lados como las chispas producidas en los grandes incendios, sin peso ni equilibrio, entre gritos y gemidos de dolor y desesperación, que nos horrorizaron y nos hicieron temblar de miedo (esta debe haber sido la visión que me hizo gritar, según afirma la gente que me escuchaba).
Los demonios se distinguían de las almas de los condenados por sus formas horribles y repugnantes de animales espantosos y desconocidos, negros y transparentes como carbones ardientes”.

5) Santa María Faustina Kowalska: “Un lugar de gran tortura”

Santa María Faustina Kowalska, a menudo conocida simplemente como Santa Faustina, fue una monja polaca que afirmó tener un gran número de experiencias místicas en la década de 1930. He aquí un extracto de su diario acerca de una de sus visiones:
“Hoy he estado en los abismos del infierno, conducida por un ángel. Es un lugar de grandes tormentos, ¡qué espantosamente grande es su extensión! Los tipos de tormentos que he visto: el primer tormento que constituye el infierno, es la pérdida de Dios; el segundo, el continuo remordimiento de conciencia; el tercero, aquel destino no cambiará jamás; el cuarto tormento, es el fuego que penetrará al alma, pero no la aniquilará, es un tormento terrible, es un fuego puramente espiritual, incendiado por la ira divina; el quinto tormento, es la oscuridad permanente, un horrible, sofocante olor; y a pesar de la oscuridad los demonios y las almas condenadas se ven mutuamente y ven todos el mal de los demás y el suyo; el sexto tormento, es la compañía continua de Satanás; el séptimo tormento, es una desesperación tremenda, el odio a Dios, las imprecaciones, las maldiciones, las blasfemias. Estos son los tormentos que todos los condenados padecen juntos, pero no es el fin de los tormentos.
Hay tormentos particulares para distintas almas, que son los tormentos de los sentidos: cada alma es atormentada de modo tremendo e indescriptible con lo que ha pecado. Hay horribles calabozos, abismos de tormentos donde un tormento se diferencia del otro. Habría muerto a la vista de aquellas terribles torturas, si no me hubiera sostenido la omnipotencia de Dios. Que el pecador sepa: con el sentido que peca, con ése será atormentado por toda la eternidad. Lo escribo por orden de Dios para que ningún alma se excuse diciendo que el infierno no existe o que nadie estuvo allí ni sabe cómo es. […]
He observado una cosa: la mayor parte de las almas que allí están son las que no creían que el infierno existe. Cuando volví en mí no pude reponerme del espanto, qué terriblemente sufren allí las almas”. (Diario de Santa Faustina, 741)
Fuente: http://es.churchpop.com/2016/06/05/5-santos-que-tuvieron-aterradoras-visiones-del-infierno/

Siete pecados “pasados de moda” que te pueden llevar al infierno




El mundo actual con su ritmo vertiginoso de vida, con un mayor acceso a la información y con las nuevas tendencias, parece haber dejado de lado la contrición y considera que el pecado y el infierno están “pasados de moda”. Pero así no es.
El pecado es algo serio, el infierno existe y es el destino de los pecadores. San Pablo dijo: “¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? Que no te engañen…”(1 Corintios 6,9).
Sin embargo, ¡hay esperanza!, pues por la gracia de Dios podemos apartarnos de nuestros pecados y encontrar la salvación en Jesucristo.
Pero primero necesitamos reconocer nuestros pecados y que necesitamos ser salvados. Una vez que tengamos una vida nueva en Cristo, la vida cristiana comienza y estamos llamados a cooperar con la gracia de Dios para crecer en santidad.
Por ello, te presentamos una lista de los pecados que el mundo actual considera “normales”, pero a los que se debes tomar en serio:

1) La mentira

“¿Qué pasaría si la persona nunca lo descubre? ¿Qué tal si es sólo por conveniencia? ¿O qué tal si sirve para lograr un bien mayor?”
No. Mentir es mentir y está mal.
Mentir es decir una falsedad con la intención de engañar y siempre está mal porque es una ofensa contra la verdad, que es Cristo (Juan 14,6).
Recuerda, la mentira es la lengua nativa del demonio, a quien Jesús llama “el padre de la mentira” (Juan 8,44). El libro de la Sabiduría advierte: “la mentira destruye tu alma” (Sabiduría 1,11).

2) Inmoralidad sexual

“¡Huye de la inmoralidad sexual!” (Corintios 6,18).
¿Pero por qué no podemos hacer lo que queramos con nuestros cuerpos? Mientras una persona está de acuerdo, todo vale, ¿no?
No. San Pablo dice: “Eviten la fornicación. Cualquier otro pecado cometido por el hombre es exterior a su cuerpo, pero el que fornica peca contra su propio cuerpo. ¿O no saben que sus cuerpos son templo del espíritu Santo, que habita en ustedes y que han recibido de Dios? Por lo tanto, ustedes no se pertenecen, sino que han sido comprados, ¡y a qué precio! Glorifiquen entonces a Dios en sus cuerpos”. (1 Corintios 6,18-20)
Nosotros podemos pecar contra nuestros propios cuerpos. Dios nos ha hecho a nosotros y a nuestra sexualidad con dignidad, valor y orden, que debe ser respetado y querido.
Recuerden que Cristo predicó sobre la lujuria en el corazón: “No cometerás adulterio. Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer con lujuria ya ha cometido adulterio con ella en corazón”.

3) Robo

“No robarás”. (Éxodo 20,15)
Robar es tomar algo que no te pertenece. Eso incluye a todo el material que tenga copyright. Robar no se vuelve aceptable sólo porque estás en Internet. Todo el mundo lo sabe, pero igual lo hacemos. Aun así es un pecado grave.

4) Alcoholismo

El alcohol es un maravilloso don de Dios. Jesús convirtió el agua en vino y los monjes cristianos solían hacer la mejor cerveza del mundo.
Pero beber demasiado hasta el punto de emborracharse y perder el control es un pecado: “No se engañen…los bebedores…no entrarán en el Reino de Dios”. (1 Corintios 6,9-10) “No se emborrachen con vino, porque eso es libertinaje”. Ante esto, San Pablo nos ofrece una alternativa: “Llénense del Espíritu”. (Efesios 5,8).

5) Gula

Algunos se han referido a la gula como el vicio olvidado.
Obviamente necesitamos comer, hay un tiempo para festejar y la comida puede disfrutarse maravillosamente. Pero, al igual que el alcohol, todo debe disfrutarse con moderación. La gula es un amor inmoderado a la comida y no sólo puede traer serias consecuencias a tu salud, sino también para tu alma.
“Porque ya les advertí frecuentemente y ahora les repito llorando: hay muchos que se portan como enemigos de la cruz de Cristo. Su fin es la predicción, su dios es el vientre, su gloria está en aquello que los cubre de vergüenza, y no aprecian sino las cosas de la tierra”. (Filipenses 3,18-19).

6) Venganza

La justicia es importante y cualquier justicia que no ha sido dada por el gobierno será rectificada por Dios al final. Pero a nosotros ahora, Dios nos llama a un plano superior:
“No devuelvan a nadie mal por mal. Procuren hacer el bien delante de todos los hombres. (…) Queridos míos, no hagan justicia por sus propias manos, antes bien, den lugar a la ira de Dios. Porque está escrito: Yo castigaré. Yo daré la retribución, dice el Señor. Y en otra parte está escrito: Si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; si tiene sed, dale de beber. Haciendo esto, amontonarás carbones encendidos sobre su cabeza. No te dejes vencer por el mal. Por el contrario, vence al mal, haciendo el bien”. (Romanos 12. 17, 19-21)
También mantén en mente las enseñanzas de Jesús respecto al perdón: “Si perdonan sus faltas a los demás, el Padre que está en el cielo también los perdonará a ustedes. Pero si no perdonan a los demás, tampoco el Padre los perdonará a ustedes”. (Mateo 6,14-15)

7) Asesinato

“¡Por favor, actualmente nadie comete asesinatos!”. ¿Estás seguro?
El asesinato es la muerte voluntaria y directa de una vida humana inocente. Incluso si la persona es pequeña y está en desarrollo en el vientre de su madre. Incluso si la persona está en desventaja. Incluso si la persona está enferma y es difícil de cuidar. Incluso si la persona es vieja y puede morir pronto de todos modos. El aborto y, cada vez más, la eutanasia es ampliamente aceptada y practicada en toda nuestra sociedad.
El asesinato es una ofensa contra Dios porque los seres humanos fuimos hechos a Su imagen y semejanza. (Génesis 1,27)
Si has cometido alguno de estos pecados arrepiéntete y acógete a la misericordia de Dios.
Fuente: http://es.churchpop.com/2016/05/09/siete-pecados-pasados-de-moda-que-te-pueden-llevar-al-infierno/